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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 19 de octubre de 2006

Nuevas viviendas para un nuevo país

 

“Nunca quisimos nada con los políticos; este convenio lo firmamos por ustedes, y no por el gobierno”, dijo Hebe de Bonafini en su discurso durante el acto de presentación de un Plan Piloto de Construcción y Capacitación para la edificación de viviendas en la Villa 15, conocida como Ciudad Oculta.

Ese “ustedes” al que se refería Hebe no eran únicamente las treinta y seis familias beneficiadas durante la primera etapa del plan, que fue acordado entre el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, a través del Ministerio de Derechos Humanos y la secretaría de Coordinación de Políticas sociales urbanas, y la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. No aludía Hebe sólo a los vecinos de Ciudad Oculta. Ese “ustedes” de la presidenta de las Madres, iba mucho más allá. Estaba concurridísimo. Al nombrarlos, volvía visibles a los pobladores ocultos de todas las villas y barrios bajos del país. Comprendía a los millones de trabajadores y desocupados, habitantes de los asentamientos y barrios marginales, hijos de las siete pestes, condenados a la mala salud y la escasa escolaridad, ninguneados puntualmente por la vacía “institucionalidad” que desde hace más de veinte años se llama a sí misma “democracia”.

En un gesto y una actitud de generosidad y entrega revolucionarias sin igual, las Madres de Plaza de Mayo vienen sosteniendo desde hace tres años que este momento político es singularmente diferente a todo lo anterior. Las Madres sustentan esa premisa con su discurso conciente y la ponen en práctica con sus cuerpos calientes. Para las Madres, ahora es tiempo de darse por entero a “tomar el proyecto en nuestras manos” y construir, avanzar, conquistar demandas sociales y espacios políticos. Pasar al frente y gestionar. Las Madres no quieren perderse nada y participan en cuanto proyecto comunitario, educativo y cultural se presenta ante sus manos y ellas consideran viable y justo. Ponen al servicio de los que fueron privados de servicios y oportunidades durante décadas, el prestigio y la dimensión política de su pañuelo blanco. Arriesgan, convencidas y tranquilas, seguras de que nada quieren para ellas, y en cambio, todo anhelan para los demás, sus iguales de clase. Su ley fundamental es “El Otro soy yo”.

Ahora es un Plan de Viviendas, que posibilitará el acceso a una casa digna, bella y cómoda a varias familias de una villa del sudoeste de la ciudad, allí donde la capital empieza a quedarse sin mapa, y las calles son apenas pasillos sin nombre, y el gentío se hacina en piezas de dos por dos. El Plan, además, prevé la capacitación de las familias que se beneficien con él. Los trabajadores aprenderán metódicamente los secretos de la construcción de sus propias viviendas. Ya no pondrán ladrillos para lujosos edificios donde vivirán otros, y regresarán a la noche a dormir a sus ranchos despintados, con techos de chapa agujerada. Ahora, el beneficio de su esfuerzo redituará a sus propias familias y a la comunidad.

“La belleza no puede ser sólo para algunos”, explicó Hebe, también, en aquel discurso. Las casas a construir, que serán tuteladas en todo el proceso de edificación y posterior entrega a sus ocupantes, por la Universidad Popular de las Madres, contarán con amplios ambientes y serán bellas, con colores y ventanas donde los vecinos pondrán macetas de verdes plantas. Los niños jugarán en sus patios, y sus padres se sentarán en el frente de sus vistosas casas a tomar mate junto a sus vecinos, después de la dura jornada laboral.

Aportarán a la concreción de este novedoso Plan de Viviendas, trabajadores de empresas recuperadas, organizaciones sociales y el Estado porteño. Una síntesis única de la nueva instancia política abierta en el país. Y las primeras casas estarán listas a fines de diciembre. Diciembre de este año.

En un gesto por demás explicativo, la apertura del Plan se hizo con las máquinas mezcladoras a un costado del micrófono de los discursos, con los obreros humedeciendo los primeros ladrillos y los tirantes ya listos para ser dispuestos sobre los techos. Evidentemente, quienes llevan adelante el proyecto no son militantes de la UOCRA Cuando las autoridades gubernamentales y las propias Madres se fueron de la Villa 15, y los camarógrafos de los canales de televisión desenchufaron el último cable, los albañiles se pusieron la ropa de trabajo y comenzaron la obra. Y eso que era feriado según el calendario oficial..

Es que las Madres de Plaza de Mayo hace rato que comprendieron, que no hay feriado, descanso ni fin de semana largo cuando se trata de construir un país. Otro país. El mismo país de siempre, pero forjado al sol de los que siempre fueron despojados de su derecho a entusiasmarse con él.

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