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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 14 de septiembre de 2006

Cuántos Juan José Alvarez habrá entre los políticos argentinos


Cuántos como Juan José Alvarez habrá en las Cámaras de Diputados y Senadores, en los Tribunales de la Nación, en los medios de comunicación de alcance masivo, en la Iglesia. Cuántos genocidas, criados a la negrura de la impunidad, son tratados como señores y cumplen destacadas funciones en la “democracia”. Cuántos Javier Alzaga nos estarán espiando en las sombras, con la identidad travestida, persiguiéndonos socavadamente en nombre de la seguridad del Estado. Seguridad que sólo es de la burguesía, de los capitalistas que protagonizaron los golpes de Estado, las dictaduras, los procesos formalmente republicanos que no hicieron más que saquear al pueblo “democráticamente”.

Pero, y la seguridad del pueblo, ¿a quién le importa? Del derecho de la población a saber si aquel que se presenta como candidato a representarlo en la institucionalidad republicana, es en verdad un buchón, ¿quién se interesa? Seguramente, no la Justicia. No el fiscal Carlos Stornelli, por cierto, que se presentó de oficio ante la juez Federal María Romilda Servini de Cubría solicitando que se investigue quién violó el secreto de Estado que protegía en el silencio el oscuro historial de Juan José Alvarez.

Y ya imaginamos el empeño que pondrá Servini de Cubría en el sumario. Sobreviviente del menemismo, ilesa durante el breve suspiro de la Alianza, jueza durante la dictadura, Servini no dudó al momento de firmar recientemente el procesamiento del juez Roberto Andrés Gallardo, aquel valeroso magistrado porteño que se animó a impugnar con sus armas jurídicas esa vergüenza que es el Casino flotante. Entonces, no cuesta demasiado suponer que Servini sí culpará a algún funcionario de tercera línea, a algún simple empleado, por la elocuente revelación del pasado de Alvarez, en vez de ponderar el sagrado derecho de nuestro pueblo a conocer la trayectoria de sus dirigentes, de los legisladores que lo van a representar en el Congreso o en la Intendencia de un municipio, como el caso de Alvarez. Será un fallo ejemplificador. Los movimientos sociales, las organizaciones populares, los periodistas independientes que indagan con decisión y compromiso por la verdad, cumplen el rol que debiera corresponderle a la Justicia. Investigar, denunciar, revelar, poniendo especial énfasis en los funcionarios públicos, esa debiera ser la tarea de los jueces y fiscales del Fuero Federal y no la objeción al sagrado derecho del pueblo a la información. Por caso, la organización en la que militaban Darío Santillán y Maximiliano Kosteki elaboró un minucioso trabajo de investigación en el que desnudaron la responsabilidad de, casualmente, Juan José Alvarez en la matanza del Puente Pueyrredón. No fue la Justicia, sino los propios compañeros de los piqueteros asesinados. La Justicia del sistema, en cambio, sólo juzgó a los autores materiales de los crímenes, y eludió puntillosamente a los responsables políticos.

Si la señora juez tuviera algo de decoro, de preocupación por la imagen que la opinión pública se forma acerca de la Justicia, nutrida por los fallos de los magistrados en casos resonantes y sensibles, archivaría la investigación acerca de Juan José Alvarez y saludaría con su resolución la relevante indagación destapada estos días. No obstante, siempre se está a tiempo de redimirse ante el sufrido pueblo, señora Juez. Por ejemplo: absolviendo al juez Gallardo, u ordenando que se abran los archivos de la SIDE y se desenmascare la identidad de todos los agentes que, promovidos por Harguindeguy a cualquier otro influyente funcionario de la dictadura genocida, se ocultan en la niebla “democrática” para conspirar contra la libertad y tratar de detener el proceso de cambios políticos abierto en el país.

Mientras no haya cárcel para los sombríos políticos como Juan José Alvarez, el escarnio público será una digna manera de dejar conforme al pueblo y calmar sus ansias de justicia efectiva, concreta, real. La Justicia de los juzgados no debiera impedir que se ventile la verdad, y que los corruptos y asesinos sientan el desprecio y la vergüenza de su pueblo.
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