Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 27 de julio de 2006
El
temple y la polenta de las Madres de Plaza de Mayo
Como un tejido suave y finísimo, una a una se van hilvanando las victorias
de las Madres de Plaza de Mayo. Punto sobre punto, las Madres ya están
inscriptas en la gran historia de América latina. En su textura está
bordada la huella de la dignidad, de la ternura, de la hermandad que es capaz
de provocar la revolución en estos lares del sur.
La proyección política y simbólica de las Madres se ha
extendido largamente a escala continental. Ellas, que ni personería jurídica
han tramitado para su asociación, se dan el lujo de intervenir en un
acto de escala internacional en calidad de representantes de Argentina. Junto
a ellas hablan ni más ni menos que dos Jefes de Estado, Fidel Castro,
por Cuba Socialista, y Hugo Chávez, de la República Bolivariana
de Venezuela.
La gran prensa, por su parte, ningunea absolutamente el discurso de Hebe de
Bonafini. Las transmisiones televisivas apenas si sitúan a Hebe como
una presentadora especial. Y cortan puntillosamente su alocución. No
pueden obviarla por completo porque en todas las fotografías de prensa,
en todas las tomas de los cameraman, aparece su pañuelo blanco, o su
rostro serio sobre el poncho rojo conversando íntimamente con Fidel,
cuando habla el venezolano, y con Chávez cuando interviene el comandante
cubano.
Pero allí están las Madres. Allí siguen convencidas y alertas,
lúcidas y esperanzadas. Terminaron su marcha en Plaza de Mayo el jueves
pasado y partieron en micro a comandar el acto multitudinario en Córdoba;
sin dormir regresaron en la madrugada siguiente, y volvieron a su Plaza esta
tarde. Con humildad, con temple y polenta revolucionarios, con la convicción
del deber cumplido y la aprobación silenciosa, conmovedora, del recuerdo
de sus hijos que no están y miran todavía.