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Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 13 de julio de 2006
La razón de los palestinos
Lo que pasa en Palestina conmueve a todos los hombres y mujeres del mundo de buena voluntad. Hay que ser sordo de sentimientos o tener intereses materiales o geopolíticos creados para no prestar atención a lo que sucede con ese pueblo desde hace décadas. No es nueva la violencia terrorista del Estado de Israel, y tampoco es novedad la resistencia heroica del bravo pueblo palestino.
Cómo no inquietarse cuando se conoce que el Ejército israelí, rigurosamente equipado y entrenado por las fuerzas armadas norteamericanas, ha torturado a cinco mil niños palestinos de entre 4 y 12 años de edad, a la altura de sus manos para impedirles la posibilidad de aportar a la Intifada tirando piedras.
Las formas tan brutales y antihumanas que toma el conflicto, a veces nublan el siempre necesario abordaje de las causas de la disputa en tierras palestinas. Lo cierto es que la moderna historia del surgimiento del Estado de Israel es la perfecta crónica del colonialismo.
Treinta y tres años atrás, el escritor y militante Rodolfo Walsh indagó rigurosamente el origen de la Revolución Palestina, como llamó a la serie de notas escritas por él y publicadas por el diario Noticias, en 1973. De aquellas notas nos nutrimos ahora para narrar brevemente el marco histórico del perenne conflicto árabe-israelí.
Hacia fines del siglo XIX Palestina era dominio del imperio Otomano. Los británicos, entonces, prometieron a los palestinos, que vivían allí desde hacía siglos y siglos, que si éstos colaboraban en la lucha contra los turcos, Inglaterra les concedería libertad, territorios y autonomía política. Al mismo tiempo, sin embargo, Gran Bretaña negociaba con los sionistas, que habían surgido de la mano de Teodoro Herzl, un periodista de Budapest que fundó una herramienta política -la Organización Mundial Sionista- para imponer un único fin: designar a Palestina como la patria nacional del judaísmo y concretar su construcción.
Las promesas inglesas a los árabes iban a ser traicionadas. En 1917 el canciller inglés Arthur James Balfour declaró que el Gobierno de Su Majestad contempla con simpatía el establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo judío, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el cumplimiento de ese objetivo. Finalizada la 1ª Guerra Mundial, esa declaración del canciller inglés sirvió de sustento para que la Liga de las Naciones convirtiera a Palestina en mandato británico y posterior cesión al sionismo, hecho consumado finalmente por las Naciones Unidas en 1947.
A partir de allí se inició la lenta inmigración judía a tierras palestinas. La premisa de los que promovían la penetración en aquellas tierras fue extraída del manual del colonialismo: las supuestas víctimas de tal invasión no existen, las tierras a ser conquistadas se encuentran deshabitadas, el palestino es en caso de existir- un hombre invisible. El sionismo construyó el mito de que palestina era una tierra sin pueblo, mientras el judaísmo era un pueblo sin tierra. ¿Palestinos? No sé lo que es eso, declaró alguna vez la ex primer ministro de Israel Golda Meir.
Abraham León, un marxista judío confinado en el campo de concentración de Auschwitz, escribió en 1944 que el sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario, es en realidad el producto de la última fase del capitalismo. En esa fase todos los nacionalismos europeos ya han construido sus Estados y no necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora es un competidor molesto para el capitalismo nativo. Repentinamente, surge en esos países un chovinismo antisemita, y se convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la vida de los mismos, que, como dice León, tenían tan poco interés en volver a Palestina como el millonario norteamericano de hoy. Las persecuciones del siglo XIX afectaron más a la clase media judía que a la clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva integración a nivel del capital financiero internacional. Aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países. El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros judíos que veían venir la nueva ola y querían que sus hermanos se fueran lo más lejos posible.
Esta es, en resumidas líneas, la historia pocas veces contada, mayormente ninguneada, del surgimiento del Estado de Israel. Su constitución y desarrollo es la causa de ríos caudalosos de sangre derramada, de familias enteras despedazadas por la muerte, el exilio y la miseria; de la opresión y la resistencia imparables. En Israel los palestinos son los pobres, los marginados, los que hacen el trabajo sucio y mal pago de la gran nación occidental de Medio Oriente.
Siempre es conveniente tener presente esta explicación si se busca comprender lo aparentemente incomprensible, de razonar sobre lo que nos es dado como irracional y ahistórico. En el contexto está todo, por más que la CNN se emperre en no contarlo nunca, o fragmentar el presente de Palestina como una sumatoria de muertes que no se saben bien por qué ocurren.
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