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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 1º de junio de 2006

Carrera de Abogacía en la Universidad de las Madres
Un Derecho izquierdo


El gobierno no es bueno ni malo. Para un marxista nunca nada es así, puesto que la realidad siempre está compuesta por zonas grises, claroscuros que demandan un análisis dialéctico, nunca lineal. Como la realidad, entonces, es la complejidad mayúscula de este gobierno. La disputa que se tiende sobre él, entre progresistas o populares por un lado, y paquidermos al otro, luce áspera. El modo de acumular fuerzas que ha tramado Kirchner es novedoso. El Presidente fue de la Plaza de Mayo, con las Madres en el escenario, al Colegio Militar de El Palomar, a retar públicamente a los defensores de los genocidas que anidan en las filas del Ejército; la oposición fluctuó entre votar contra la asunción de Patti, como Elisa Carrió, a llamar a la “reconciliación”, como lo hizo Elisa Carrió. “¿Y vos de qué lado estás?”, se preguntaría un conductor de televisión. De los radicales, ni hablar. Y la izquierda, balconeando por televisión.

Mucho se ha discutido después del acto del 25 de Mayo, acerca de las presencias que poblaron la Plaza. Con el ojo izquierdo se ha puesto el acento en la ascensión de las Madres de Plaza de Mayo al palco, mientras con el diestro se ha observado el guiso de Gordos sindicales con gobernadores e intendentes hasta ayer menemistas o duhaldistas. Está bien la mirada, pero no alcanza a cubrir la vastedad del momento político actual. Poco se ha profundizado, por caso, en ese parrafito del discurso presidencial en el que Kirchner llamó a construir la Patria Grande, en un momento del continente como no se conoce otro en décadas.

La complejidad del momento actual, insistimos, permite que, entre otras novedades, la Asociación Madres de Plaza de Mayo mueva la estantería simbólico-ideológica con un hecho político formidable: el lanzamiento de una carrera de Derecho en su Universidad Popular, con títulos oficiales reconocidos por el Estado, para formar abogados-compromiso. Entre quienes escucharon el contundente discurso de quien será Director Académico de la carrera, el juez porteño Roberto Andrés Gallardo, se encontraba el ministro Daniel Filmus, de la cartera de Educación.

El acto de lanzamiento se produjo en la misma semana que el mitin en Plaza de Mayo. Para muchos, la semana ya estaba justificada con el discurso del juez Gallardo, que terminó con una frase emblemática, que a muchos altera y a otros muchos enamora: “Hasta la victoria siempre”. Un juez de la Ciudad más importante del país, pronuncia aquella consigna del Che en la Casa de las Madres y delante del ministro de Educación de la Nación. Fuerte.

Pero el discurso del juez Gallardo, y eso es lo más alentador, es sólo el principio. El desafío propuesto por las Madres, que un conjunto de abogados y hasta funcionarios de la Justicia ha tomado como propio, quizás logre dividir aguas hacia dentro del reaccionario mundo del Derecho. Tal vez alcen la cabeza varios jueces, fiscales y defensores progresistas, que en todos estos años de dictadura y tiranía neoliberal, la mantuvieron gacha. Acaso la patricia casta judicial comience un paulatino descenso en la pirámide jurídica.

Porque la institución judicial es, a todas luces, la postrera guarida de la oligarquía que se resiste a los nuevos tiempos políticos. Hay disidencias, breves brechas que se abren, pero la mayoría de los magistrados constituye la última garantía del poder de los poderosos. Los cambios en la Corte, alentadores por cierto, pueden perfilar otro modelo de Justicia que confronte (y venza, si no para qué) con ese otro modelo de Justicia que aún no ha sido dislocado: el que persigue únicamente a los pobres, ese que averigua cuánto dinero tiene el encausado antes de decidir si procesarlo o dejarlo en libertad. Los abogados-cuervos, que definen a sus defendidos como “clientes”, y no víctimas de una injusticia que debe ser remediada, son perfectamente funcionales a ese esquema judicial.

Las Madres de Plaza de Mayo, entonces, se han propuesto, por el contrario, formar abogados-compromiso. Hombres y mujeres concientes de su rol social: zanjar desde el ámbito jurídico las iniquidades que todos los días produce el sistema económico capitalista. Sus prioridades serán aportar a los intereses populares, al desarrollo nacional. Impedir la prepotencia de los potentados. Atenuar la impunidad de los poderosos. Reconstruir la Justicia, también dentro de los Tribunales.

La derecha, a su vez, tiembla histérica. De aquí a unos pocos años nomás, se verá obligada a litigar severamente contra patrocinantes que sabrán enfrentarla con sus propias armas, en su propio terreno, hasta ahora favorable a los ricos, y siempre hostil al pobrerío. El pueblo seguirá acumulando su fuerza en las calles, disputando sus conflictos en las plazas, las asambleas, y también oponiéndose a sus rivales de clase en los Juzgados.

Únicamente las Madres de Plaza de Mayo podían hacerlo posible, como hicieron posible la vida en medio de la madrugada militar, cuando la mayoría de los abogados se negaba a tramitarles un hábeas corpus siquiera, y Sus Señorías les contestaban: “No lo busque, señora; su hijo se habrá ido con una mujer”.

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