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Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 25 de mayo de 2006
Donde vayan las Madres, ahí quiero estar yo
Las
Madres de Plaza de Mayo asistieron al acto convocado en Plaza de Mayo en festejo
por los tres años de Néstor Kirchner en el Gobierno nacional.
Hebe ya había dicho que vamos a venir orgullosas de estar apostando
a la unidad latinoamericana. Y así lo hicieron, nomás. Vastas
y gozosas, acompañadas por varios militantes de sus múltiples
espacios de lucha, las Madres acudieron al acto y hasta subieron al escenario,
ubicándose al lado del Presidente. A él le obsequiaron su arma
más preciada: un pañuelo blanco de la Asociación, bordado
con la consigna Aparición con vida de los desaparecidos,
que Kirchner besó en público.
El Presidente pronunció su discurso delante de 350.000 personas y flanqueado
por una quincena de Madres de Plaza de Mayo. Ningún ministro, ningún
Gordo de la CGT, ningún intendente ni gobernador provincial, estuvieron
en la foto del momento del discurso. Sólo su esposa y senadora, y las
Madres. Muchos impresentables tuvieron que mirarlo todo desde abajo, algunos
por televisión.
Otros muchos, miles, también deberían haber estado allí.
La izquierda y los movimientos sociales que durante los últimos años
protagonizaron las luchas, colmaron las calles, se rebelaron ante el neoliberalismo
y ayudaron a enterrarlo definitivamente, deberían estar aportando lo
suyo en este momento político, precisamente para que quienes hoy colmaron
la Plaza no tengan oportunidad de regresar a ella. Muchas presencias de esta
tarde demuestran la mediocridad y las flaquezas de nuestras propias fuerzas.
Si los innombrables resucitan es por el increíble suicidio al que se
han convocado varios agrupamientos populares hasta ayer activos y cercanos.
Pero volvamos a esta tarde de hoy. Pocos de entre los presentes tenían
más derecho que las Madres a estar en la Plaza: era jueves a la hora
de la siesta, momento en que semana a semana, desde hace más de 1500
ceremonias, ellas marchan para denunciar, soñar, resistir. Y también
construir.
Para las Madres así lo han expresado públicamente
este es un momento político crucial, en el que urge construir, conquistar
demandas, lograr metas, capitalizar tantos combates previos y, al mismo tiempo,
acumular para otros momentos posteriores, que sean menos promisorios. Ahora
es hora de reunir experiencia en la ejecución de políticas, en
el aporte a la instrumentación y el gerenciamiento públicos, porque
de eso también debe ser capaz el pueblo y sus organizaciones, además
de luchar y resistir. Para las Madres y muchos comparten su análisis,
cada vez más, la instancia actual demanda aprovechar la coyuntura
política regional, y exigir en consecuencia. Ellas fueron a la Plaza
porque entienden, sencillamente, que el actual Gobierno persigue una intencionalidad
política que ellas juzgan fundamental: la unidad latinoamericana, en
la perspectiva de un severo contrapunto con el imperialismo norteamericano.
En igual mérito se encuentra la política de Estado puesta en marcha
por Kirchner en materia de derechos humanos. Concepto, el de derechos humanos,
que las Madres han dotado de una significancia ideológica clara y un
notorio perfil de clase. Las Madres, entonces, fueron a la Plaza de Mayo el
jueves 25, en señal de apoyo al Gobierno de Kirchner y también
para defender tantos logros condensados bajo su ejercicio en el poder. El último,
la propia arenga presidencial del 25 de Mayo. El Presidente hizo subir a las
Madres al escenario a las 15.40 de la tarde, hora en que habitualmente ellas
marchan en la Plaza, cada jueves. Además, Kirchner comenzó su
discurso a las cuatro en punto, momento en que las Madres finalizan su movilización
para iniciar, también, su disertación de todas las semanas.
Los tramos más salientes de la palabra presidencial tuvieron como sujeto
a las Madres y a sus hijos. Kirchner comenzó señalando que él
mismo estuvo en esa misma Plaza treinta y tres años antes, cuando la
asunción de Cámpora y el fin de la dictadura militar de aquel
momento, junto a sus compañeros, muchos de los cuales después
desaparecieron. Esta Plaza es de los trabajadores, de Eva Perón
y de las Madres de Plaza de Mayo, señaló el santacruceño.
El acto del 25 de mayo, el año entero de reivindicación de los
desaparecidos encarado desde la más alta investidura estatal, y la reciente
reedición del libro Nunca Más con un prólogo nuevo que
discute con aquel escrito por Ernesto Sàbato y que consagró la
Teoría de los Dos Demonios, testimonian cómo la lucha de las Madres,
librada muchas veces en soledad, en las peores condiciones políticas,
soportando agravios y operaciones de prensa, ha resultado vencedora, definitivamente.
Los desaparecidos pasaron de ser terroristas, foquistas, antiargentinos, a ser
compañeros del Presidente de la República, en sólo treinta
años.
Las Madres de Plaza de Mayo también tuvieron qué festejar el 25
de mayo en la Plaza. Miles y miles brindamos junto a ellas. Donde sea que esté
el pañuelo blanco, detrás de su bandera azul con la consigna más
apropiada para cada momento político, ahí siempre querré
estar yo.
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