Como antes la recuperación para el pueblo de la ESMA; como antes la orden
con un dedo a un militar de alta graduación de desmontar de las paredes
del Colegio Militar los indignos cuadros de los genocidas Videla y Bignone; como
antes el descabezamiento de la cúpula militar y los cambios en los planes
de estudio castrenses, el Gobierno del presidente Kirchner vuelve a sorprender
gratamente al pueblo con su iniciativa de declarar feriado nacional cada 24 de
marzo. Feriado nacional inamovible, caiga viernes -como ahora- o miércoles
de partidos nocturnos. Haga frío o sea sol. Inamovible. Inalterable. Como
una marca roja indeleble en la rutina de todos los días. Para que cada
24 de marzo, hasta en cada zócalo del país, el último de
los argentinos se vea obligado a recordar la brutalidad de los asesinos y la gesta
de quienes se les opusieron, y cada cómplice activo o silencioso de los
verdugos militares se compruebe aislado y solo y derrotado, pura escoria.
La medida del Gobierno es una continuación de otras similarmente trascendentes
para quienes desde hace 30 años vienen luchando contra los dictadores y
sus partícipes civiles. La declaración es una victoria para quienes,
como dicen las Madres, sembrando vida derrotamos a la muerte. Al momento
de presentarla en la Cámara de Senadores, el Secretario de Derechos Humanos
Eduardo Luis Duhalde, destacó que la iniciativa obedece a una política
de Estado. Una política de Estado que, vale señalarlo, viene a contrarrestar
la política de Estado previa, que precisamente tenía como objetivo
todo lo contrario a lo que ahora se persigue: perpetuar la impunidad y extender
el olvido.
Inicialmente, algunos pretendieron impugnar la honrosa medida de Kirchner con
un argumento bajo: alegaron falazmente que el feriado sería móvil,
lo que sólo garantizaría un fin de semana largo a los argentinos;
que tendría carácter meramente festivo, como un anticipo de la Semana
Santa, alimentándose únicamente el negocio turístico y no
la reflexión. Miserias de la política argentina. Mezquindades y
soberbias. Cualquier cosa que provenga del gobierno está mal, por más
acertada y favorable a los intereses populares que sea.
Las Madres, en cambio, lo dijeron con claridad y autonomía: Es una
herramienta valiosísima para que se registre en la memoria del pueblo argentino
una fecha que marcó a sangre y fuego a nuestra patria. Punto. Si
hay que ir a Las Heras a repudiar la presencia amenazante y represiva de la Gendarmería
contra los justos y valientes trabajadores petroleros, se irá; pero eso
no debe impedir que se reconozca y se apoye explícitamente lo que
entendemos que le sirve a nuestro pueblo.
Nunca como ahora se ha tenido la percepción popular de que nuestras luchas,
nuestras rebeldías, nuestras frustraciones y deseos, nuestros sueños,
están haciendo historia. La historia con mayúsculas, como resultado
de una construcción colectiva. El pueblo ya tiene un país, y su
presente y proyección son, ya, su marca identitaria. El himno, ahora sí,
lo representa; la bandera, hoy más que nunca, lo contiene. El pueblo lo
ve patente patente.
Si alguno creyó ver a Artigas, a José de San Martín, a Moreno,
a Santucho, a Agustín Tosco, marchando en Plaza de Mayo, girando en dirección
de un mismo punto sin posición fija en ningún cuadrante, a no dudarlo:
eran las Madres, era jueves a la hora de la siesta, estaban las palomas. Y estén
seguros, compañeros: algún día será feriado, también,
cada 30 y abril.