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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 16 de marzo de 2006


Y algún día será feriado el 30 de abril


Como antes la recuperación para el pueblo de la ESMA; como antes la orden con un dedo a un militar de alta graduación de desmontar de las paredes del Colegio Militar los indignos cuadros de los genocidas Videla y Bignone; como antes el descabezamiento de la cúpula militar y los cambios en los planes de estudio castrenses, el Gobierno del presidente Kirchner vuelve a sorprender gratamente al pueblo con su iniciativa de declarar feriado nacional cada 24 de marzo. Feriado nacional inamovible, caiga viernes -como ahora- o miércoles de partidos nocturnos. Haga frío o sea sol. Inamovible. Inalterable. Como una marca roja indeleble en la rutina de todos los días. Para que cada 24 de marzo, hasta en cada zócalo del país, el último de los argentinos se vea obligado a recordar la brutalidad de los asesinos y la gesta de quienes se les opusieron, y cada cómplice activo o silencioso de los verdugos militares se compruebe aislado y solo y derrotado, pura escoria.

La medida del Gobierno es una continuación de otras similarmente trascendentes para quienes desde hace 30 años vienen luchando contra los dictadores y sus partícipes civiles. La declaración es una victoria para quienes, como dicen las Madres, “sembrando vida derrotamos a la muerte”. Al momento de presentarla en la Cámara de Senadores, el Secretario de Derechos Humanos Eduardo Luis Duhalde, destacó que la iniciativa obedece a una política de Estado. Una política de Estado que, vale señalarlo, viene a contrarrestar la política de Estado previa, que precisamente tenía como objetivo todo lo contrario a lo que ahora se persigue: perpetuar la impunidad y extender el olvido.

Inicialmente, algunos pretendieron impugnar la honrosa medida de Kirchner con un argumento bajo: alegaron falazmente que el feriado sería móvil, lo que sólo garantizaría un fin de semana largo a los argentinos; que tendría carácter meramente festivo, como un anticipo de la Semana Santa, alimentándose únicamente el negocio turístico y no la reflexión. Miserias de la política argentina. Mezquindades y soberbias. Cualquier cosa que provenga del gobierno está mal, por más acertada y favorable a los intereses populares que sea.

Las Madres, en cambio, lo dijeron con claridad y autonomía: “Es una herramienta valiosísima para que se registre en la memoria del pueblo argentino una fecha que marcó a sangre y fuego a nuestra patria”. Punto. Si hay que ir a Las Heras a repudiar la presencia amenazante y represiva de la Gendarmería contra los justos y valientes trabajadores petroleros, se irá; pero eso no debe impedir que se reconozca y se apoye explícitamente “lo que entendemos que le sirve a nuestro pueblo”.

Nunca como ahora se ha tenido la percepción popular de que nuestras luchas, nuestras rebeldías, nuestras frustraciones y deseos, nuestros sueños, están haciendo historia. La historia con mayúsculas, como resultado de una construcción colectiva. El pueblo ya tiene un país, y su presente y proyección son, ya, su marca identitaria. El himno, ahora sí, lo representa; la bandera, hoy más que nunca, lo contiene. El pueblo lo ve patente patente.

Si alguno creyó ver a Artigas, a José de San Martín, a Moreno, a Santucho, a Agustín Tosco, marchando en Plaza de Mayo, girando en dirección de un mismo punto sin posición fija en ningún cuadrante, a no dudarlo: eran las Madres, era jueves a la hora de la siesta, estaban las palomas. Y estén seguros, compañeros: algún día será feriado, también, cada 30 y abril.
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