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Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 10 de noviembre de 2005
Algo cambió en América latina
Algo cambió en América latina. En Argentina lo evidenciamos sensiblemente. No vivimos una revolución, es cierto. Pero es. El nuestro era el país de las relaciones carnales con Estados Unidos. El país del presidente que se jactaba de ser el mejor alumno del FMI. Good bless, Mr. Bush. El país del voto de condena a Cuba en la ONU. El país del 1 a 1 próximo a entrar en la dolarización total de su economía. El nuestro era un país que no llegaba a serlo; éramos, sencillamente, casi una colonia, un protectorado desprotegido absolutamente. Argentina formaba parte del MERCOSUR, pero sus socios en Brasil, Uruguay y Paraguay llevaban adelante similares políticas en sus países, tan carnales con el imperio yanqui como aquí. El MERCOSUR era, apenas, un sello de goma, cuya impronta quedaba borroneada en tinta desteñida.
Entonces, algo cambió en América latina. Surgieron los pueblos latinoamericanos. Sus luchas de resistencia al brutal saqueo económico padecido durante los últimos 25 años, pasaron al frente. Se multiplicaron. Derribaron gobiernos. Obligaron a mezclar y dar de nuevo. El caracazo venezolano engendró a Hugo Chávez, que algunos años después llegaría a la presidencia de su país. Rebelión en Bolivia. Rebelión en Ecuador. 19 y 20 de diciembre en Argentina. Uruguay con la frente bien amplia y Brasil titubeante todavía en el gobierno, pero siempre listo en las calles y campos del país. Cuba ya no tan sola.
La Cumbre de presidentes del fin de semana pasado en Mar del Plata, reflejó algo de lo que acontece en los pueblos del continente. Algo. Un vistazo por las cumbres que llegó a inspeccionar aunque superficialmente, a la pasada, lo que sucede en los abismos de América latina. Los grandes cortinados del hotel Hermitage, los diferentes anillos de protección policial a los mandatarios, ya no pudieron impedir que lo que ocurre en las calles de América latina se cuele entre los debates de los presidentes. Hasta hubo debates entre presidentes, algo totalmente desacostumbrado en encuentros de este nivel, en los que los mandatarios apenas si se sacan la foto de rigor y firman lo que los funcionarios de segunda línea ya han acordado previamente, en intercambios de pura diplomacia. Atención, entonces; que paren las rotativas: Estados Unidos no logra imponer su predominio sobre la totalidad del continente. Algunos pocos países, pero de gran relevancia económica y política, se plantan ante sus planes hegemónicos. América latina cuenta con riquezas naturales: petróleo, agua dulce, largos campos anchos de tierra fértil y árboles, y sale decidida a hacerse valer. Zona de pueblos valientes y resueltos. Una población muy extensa, hambreada y sufriente, pero capaz de revertir su situación y edificar su propio destino. Un continente cansado. América latina tiene el para sí a punto de estallar. El ALCA no pasa, señor Bush.
A los postres de la Cumbre, claro, podremos discutir sobre el rol que cumplieron los diferentes presidentes, según su intensidad en la oposición a Bush. Hacer un campeonato de discursos. Criticar lo que dijo Kirchner, justamente, por todo lo que no dijo Kirchner. Comparar a Tabaré con Lula y salir decepcionados con un triste cero a cero. Medir a Maradona con Ginóbili. Pero ninguna lectura sensata podrá pasar por alto que Estados Unidos ya no la tiene fácil en el continente. Y que eso es mérito de los pueblos, y aciertos o, aunque sea, actitudes a la defensiva de los presidentes. Lo que pase o deje de pasar en Latinoamérica será responsabilidad de los pueblos. El rumbo del continente dependerá de lo que pueda hacer la movilización popular, de la organización de los trabajadores con empleo y no, de la posibilidad de esculpir dirigentes políticos que conduzcan una alternativa política decididamente opuesta a la que propone el imperialismo norteamericano.
Y
que sea ahora, cuanto antes, ya, porque mañana es nunca.
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