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Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 13 de octubre de 2005
Las Madres cambian para que todo cambie
Como ellas mismas reconocen en un comunicado reciente, las Madres de Plaza de Mayo nunca votaron, desde 1983 hasta la fecha. La organización rechazó las elecciones porque vieron en ese mecanismo institucional, meramente formal, la legitimación de la dominación burguesa. Las elecciones son de los burgueses, para los burgueses, dijeron las Madres para justificar su negativa a participar de la contienda entre candidatos a cargos electivos en el Estado. Votar no siempre es elegir, afirmaron también. Los nombres y números de documento de sus hijos desaparecidos, quietos para siempre en los padrones electorales, sin poder votar jamás; y sus verdugos, candidatos... Singularidades de la democracia argentina.
Una semana atrás, sin embargo, las Madres redactaron una declaración política en la que instan al pueblo para que cada uno elija su candidato, analice sus propuestas y exija que se cumplan los compromisos electorales. Con abierta lucidez, humildad y entrega a la causa revolucionaria de sus hijos, las Madres accedieron a modificar su planteo táctico. No comprometen su decisión a un candidato o a un partido político determinados. No dicen a quién se debe votar: sólo aseveran que hay que participar de las elecciones y hacer cumplir lo que se promete en la campaña. Hablan de hacer un debate entre propuestas diferentes. No lo explicitan con iguales palabras, pero reclaman lo mismo que Hugo Chávez: una democracia participativa, y no delegativa, sedentaria, inútil como fusil de museo. Las Madres de Plaza de Mayo entendieron que era momento de intentar por otros medios el logro político de transformar la realidad de acuerdo a los intereses de la clase trabajadora. No se quedaron quietas adentro de su verdad de 2 X 2.
Por su rechazo a las elecciones, la derecha siempre les endilgó el mote de antidemocráticas sectarias, foquistas, lieras. Desde la izquierda, repetidamente se les cuestionó a las Madres que su posición ante las elecciones no era correcta porque no tenía en cuenta la cuestión del poder, eso tan esencial y definitorio. Para lograr los cambios revolucionarios que las Madres plantean, es necesario que los dominados obtengan el poder político, si no esos cambios son improbables, imposibles y puro idealismo. Y no votar, no aprovechar la instancia electoral para adelantar a los trabajadores y el pueblo en la lucha de clases, decían los detractores de las Madres, no hace luz sobre ese asunto tan vital.
Pues bien: esta vez las Madres han optado por una posición más activa ante las elecciones. Si los pobres no votamos, la oligarquía corrupta crece de la mano de Menem, Macri, y López Murphy, dicen las Madres de Plaza de Mayo. Ahora sí está planteado el tema del poder, se quedarán tranquilos los críticos. Las elecciones como un momento más en la lucha del pueblo por su liberación, contra la oligarquía corrupta que crece si sigue triunfando en las elecciones.
Por otra parte, las Madres arguyen que que vivimos otros tiempos. Hay un nuevo escenario en América latina y sentimos el deber de acompañar este cambio en nuestra patria. ¿No tienen razón, acaso? ¿Tan necio se puede ser como para no advertir los cambios que hay aún en la continuidad? ¿Tan obtuso se puede actuar como para no comprender la necesidad de defender de oligarcas, garcas, elitistas, menemistas, fascistas, liberales, burócratas, los vientos menos impiadosos que corren para los intereses populares, que distinguen a esta novedosa circunstancia política?
Después
del 19 y 20 de diciembre, que significó la síntesis de tantas
rebeliones previas; después de aquella elección de octubre de
2001, en la que el índice de no rechazo a las votaciones rozó
el 50 por ciento; después de exigir que se vayan todos (y
comprobar que todo se quedaron) y asistir impasibles a la dolorosa fragmentación
y dispersión de las fuerzas populares, ¿no es hora de modificar
los planteos, de intentar por otro lado, de romper el frasquito y gastarse las
sienes si ello fuera necesario, para conversar con y comprender al pueblo?
Convocar a la población para que les exija a los candidatos que triunfen
el cumplimiento de lo prometido, es continuar por otros medios el hastío
revolucionario, rebelde y esperanzador del 19 y 20 de diciembre. Las Madres
modificaron su postura para acercarse un poco más al mismo sueño
transformador de siempre. La historia dirá cuánto están
acertadas. Pero no responder rígidamente ante la cambiante realidad es
un buen síntoma. Un intento. Embarrarse para llegar hasta el hueso del
suelo o costra del país. Cambiar para que todo cambie.
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