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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 29 de septiembre de 2005

Pueblo o capitalismo

En las reuniones generales de la ONU se elaboran estremecedores documentos que incluyen estadísticas del hambre, la desocupación, la muerte de niños, el analfabetismo, los desastres ecológicos producidos por el capitalismo en el mundo; se reafirma año tras año el compromiso de reducirlas (no eliminarlas), pero estas cifras monstruosas no hacen otra cosa que aumentar.

El sistema económico imperante no se modifica, entonces estos documentos se vuelven una hojarasca sin otro camino que el olvido inmediato; en realidad funciona como una hipócrita comprobación de la marcha de la maquinaria capitalista, que a cada paso tritura cada vez más vida.

El Presidente de Venezuela lo expresó muy claramente en su intervención en la ONU. "Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a la especie humana invocando de manera demencial la vigencia de un modelo socioeconómico con una galopante capacidad destructiva. Es suicida insistir en diseminarlo e imponerlo como remedio infalible para los males de los cuales es, precisamente, el principal causante".

Chávez rescató una propuesta aprobada en la ONU en 1974 (¡!) que confirmaba el derecho de los Estados a "...nacionalizar las propiedades y los recursos naturales que se encontraban en manos de inversores extranjeros". Aquella resolución resaltaba también la necesidad de un sistema que asegure la justicia, la igualdad, la soberanía, el desarrollo económico de todos los pueblos, la cooperación entre los Estados.

Chávez proponía terminar con las políticas del Consenso de Washington generadora de miseria en todo el sur, así como aquella propuesta de 1974 pretendía acabar con el tratado de Breton Woods de 1944.

Pero a la ONU más que los sufrimientos humanos le interesaba discutir las reformas del organismo reclamadas por EE.UU., así como una definición de terrorismo amplia, abierta, acorde a los intereses estratégicos, militares, políticos y económicos del imperialismo nortemericano. En síntesis, que los representantes de las Naciones les dieran una llave que permita a sus marines, entrar y salir inmunes, o instalarse en bases militares definitivas en sus pueblos. Tal vez instalar nuevos Guantánamo, con... otros prisioneros.

El gobierno y el parlamento paraguayos accedieron ya al sueño norteamericano. Los soldados yanquis pueden entrar y salir de su territorio con "inmunidad diplomática", hacer prácticas militares en terreno. Se habla también de la construcción de una base militar permanente en la triple frontera, en el corazón de América del Sur, a orilla del acuífero guaraní y cerca de los conflictos populares mas radicalizados contra las políticas del FMI.

Un lugar ideal para las intrigas de la CIA, sobre todo cuando llegue el momento de hacerse del agua potable, y se inauguren tal vez conflictos más arduos que las guerras del petróleo.

(Es paradojal, que el Paraguay sufriente aún de las consecuencias de la "Guerra de la Triple Alianza", generada bajo presión del imperialismo británico, padezca una ceguera histórica tal que le haga caer en una sumisión tan baja con el opresor, al tiempo que pone en riesgo la integridad latinoamericana).

Las violentas estrategias del imperialismo sólo podrán ser enfrentadas con la unidad latinoamericana; buscando la libertad de América. Algunos como Chávez o Fidel la sueñan con pasión; otros son estimulados por el espanto. No es lo mismo, pero es bastante.

Esta tendencia en el sur, ha generado cosas interesantes como la creación -a propuesta de Venezuela- de la "Comunidad Sudamericana de Naciones", de la que participan doce países latinoamericanos, entre ellos Argentina. Estos países hermanos, se reunieron en Caracas para avanzar en la integración energética de la región.

Venezuela y Argentina, en estos días concretaran acuerdos comerciales y financieros anunciados anteriormente.

Con gran valentía el presidente Chávez propuso a la Asamblea de las Naciones, que la ONU deje de funcionar en EE.UU., un país irrespetuoso de sus decisiones, tal como algunas personalidades lo habían propuesto en el último Foro Social Mundial en Porto Alegre.

Reclamó también un nuevo orden político internacional, instando a no permitir que se dé cabida a doctrinas como la de “‘guerra preventiva’, ¡vaya que nos amenazan con la guerra preventiva!, y la ahora llamada 'Responsabilidad de proteger'...". Agregó que estos conceptos delinean el intervencionismo y la violación inmune a la soberanía de los pueblos. Denunció las agresiones permanentes sufridas por su gobierno y el pueblo de Venezuela, el golpe militar y el petrolero, ambos facturados en Washington. Refiriéndose a EE.UU., dijo que es el único país donde una persona se puede dar el lujo de pedir por televisión el asesinato de un jefe de Estado, como ocurriera con el reverendo "Patt Robertson, muy amigo de la Casa Blanca, pidió públicamente mi asesinato y anda libre, ¡ese es un delito internacional!, ¡terrorismo internacional!”, dijo.

Pocos representantes de las Naciones se indignaron, o sintieron vergüenza, o un frío les corrió por la columna luego de las palabras del Presidente Chávez. Una buena parte de ellos, con el rabo entre las patas miraron de reojo la banca del ancho de espada inmersos en un silencio húmedo, elocuente.

Sin embargo las palabras de Chávez tendrán su resonancia en América latina, como alguien dijo: "Ninguna voz se pierde por completo, si es la voz de muchos hombres".

Recientemente Joao Pedro Stedile, dirigente de la Vía Campesina brasileña, señaló: “América latina tiene salida. Basta que tengamos un pueblo conciente, organizado y movilizado. Y gobiernos comprometidos con su pueblo y no con el capital”.

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