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Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 25 de agosto de 2005
La
lucha, la calle, la libertad
Como si el tiempo no hubiera pasado. Las Madres de Plaza de Mayo, con sus entre setenta y noventa y pico de años de edad a cuestas, volvieron a ayunar durante doce horas, desde las diez de la mañana y hasta las veintidós horas de la noche, en solidaridad con los presos de la Legislatura. Con los presos políticos de la Legislatura. Ya lo habían hecho en la jornada previa a la nochebuena pasada, el jueves 22 de diciembre último. También realizaron un acto en Mar del Plata, durante el verano, para reclamar por la misma situación: la inmediata libertad de los trabajadores ambulantes y prostitutas detenidos injustamente. No fueron escuchadas. Como en aquel ayuno de diciembre, las Madres volvieron a ser acompañadas por estudiantes y docentes de la Universidad Popular. También hubo familiares de los presos. Como si el tiempo no hubiera pasado.
Los compañeros siguen encarcelados pero inmensamente libres. Cinco de ellos se encuentran, también, en huelga de hambre. Ningún fallo, ni cerrojo, podrá quitarles esa íntima libertad: ser coherentes con su lucha y con su clase, y tener razón. El ayuno de las Madres, el hambre de los compañeros, podrán más, infinitamente más, que la gula de los poderosos que los mantienen en prisión. Sus condenas son demostrativas del odio de clase que prima en los despachos judiciales. Cada día que pasan en la cárcel confirma que tenían razón en sus reclamos y en su lucha contra la sanción del Código Contravencional: se persigue a los pobres, porque para ellos no hay oportunidad de vida digna, de trabajo razonable, de derecho al disfrute. Sobran. Se oprime y persigue a los pobres y se sanciona drásticamente a quienes osen impugnar con la lucha esa persecución. La cárcel a esos compañeros es un hecho que pretende ser ejemplificador.
Mientras el ministro de la Corte Suprema de Justicia, Eugenio Zaffaroni, se manifiesta públicamente en contra de la judicialización del conflicto y la protesta sociales, jueces de menor rango sentencian exactamente al revés. El caso de la Legislatura ya es escandaloso. ¿Qué espera el Consejo de la Magistratura para destituir a la jueza Ramond, quien se niega a estimar pruebas contundentes que ofrecen los abogados defensores, que demuestran lo injustificado de las detenciones? La jueza ni siquiera quiere ver un video donde se distingue claramente que los detenidos no son los responsables de los hechos que se les imputan.
Extorsión. Privación ilegítima de la libertad. Derecho al libre tránsito por rutas y caminos. Propiedad privada. La política sigue siendo un apéndice del Código Penal. Hasta los noticieros se llaman así, Código Penal. Como en el auge de los años 90. Más de cinco mil hombres y mujeres procesados por pedir trabajo.
Entonces, contra los candados en los cerebros, las conciencias y los corazones, otra vez, las Madres. El cuerpo de las Madres, sus pañuelos, su disposición al arrullo para los compañeros y el repudio virulento a los déspotas y tiranos. Su entrega absoluta a la causa del combate contra la injusticia.
Si sigue así, los presos de la Legislatura no podrán ir a votar el próximo 24 de octubre. Las elecciones, definitivamente, no son para ellos. Ni la campaña, ni los candidatos, ni los discursos. Las elecciones no son para ellos. Para ellos es la lucha, la calle, el ansia de la libertad. Y este abrazo hondo, compañeros.
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