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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 31 de marzo de 2005

Las Madres, por el camino más justo, el más razonado,
el más generoso

Pudiendo elegir otros caminos, Vicky “eligió el más justo, el más generoso, el más razonado. Su lúcida muerte es una síntesis de su corta, hermosa vida. No vivió para ella, vivió para otros, y esos otros son millones. Su muerte sí, su muerte fue gloriosamente suya, y en ese orgullo me afirmo y soy quien renace de ella”, escribió Rodolfo Walsh para narrar a sus amigos las circunstancias en que se produjo la muerte de su hija, María Victoria, una mañana de septiembre de 1976, mientras combatía contra la dictadura. Este y otros tramos similarmente conmovedores, fueron leídos por Hebe de Bonafini en su discurso al cierre del acto a 29 años del golpe militar del 24 de marzo.

Tenía cansada pero firme, suave pero impertérrita la voz la presidenta de las Madres cuando pronunciaba, parada sobre el escenario y de frente a treinta mil almas que la escuchan en pasmoso silencio, lo que Vicky les dijo a sus verdugos militares aquella mañana: “‘Ustedes no nos matan, nosotros elegimos morir’. Entonces ella y el hombre se llevaron una pistola a la sien y se mataron en frente a todos nosotros”.

Parecía que iba a llover con sol detrás del Obelisco. Los primeros vientos del otoño porteño hacían remolinos con los volantes de las cien siglas convocantes al acto, en un rincón de la Plaza de la República.

También las Madres podrían haber elegido otros caminos, pero optaron por el más justo, el más razonado, el más generoso cuando rechazaron expresamente los intentos oficiales de rendir homenajes y hacer monumentos póstumos a los desaparecidos, justamente por parte de las autoridades políticas que habían garantizado la impunidad para los genocidas. Martillos y cortafierros prometieron usar para borrar los nombres de sus hijos si los poderosos continuaban con su amenaza de tallarlos en bronce.

El camino más justo, el más razonado y el más generoso recorrieron las Madres cuando caminaron al revés de la marcha alfonsinista, porque ya avizoraban la traición que los radicales estaban preparando.

Las Madres transitaron el camino más justo, el más razonado y el más generoso cuando socializaron la maternidad y dejaron de reclamar por su hijo o hija particular para asumir la reivindicación de todos los desaparecidos.

El camino más justo, el más razonado y el más generoso peregrinaron las Madres de Plaza de Mayo desde el día en que se asumieron marxistas y comenzaron a levantar las banderas revolucionarias de sus hijos.

Las Madres trajinaron el camino más razonado, el más justo y el más generoso cuando se declararon internacionalistas y ofrecieron sus cuerpos, y no declaraciones rimbombantes, frente a las agresiones del imperialismo en Yugoslavia, el País Vasco, el Perú del MRTA, Palestina.

El camino más justo, el más razonado y el más generoso prefirieron las Madres cuando se negaron a cobrar las insultantes reparaciones económicas y con alegría y amor de madres revolucionarias concluyeron que ellas no venderían la sangre de sus hijos ni se prostituirían a cambio de algunos miles de pesos.

Y el camino más justo y razonado y generoso circulan ahora, cuando apuestan todas sus fuerzas a la construcción de la unidad latinoamericana, que convierta en caliente realidad las esperanzas de transformación social que se respiran en el continente.

Los jóvenes que las acompañan, muchos de ellos haciendo su formación política en la Universidad Popular de las Madres, bajo concepciones humanistas y guiados por motivaciones combativas y éticas, ya empiezan a recorrer, como ellas, el camino más justo, el más razonado y el más generoso: vivir en otros, multiplicar la maravilla personal en el misterio de todos nuestros iguales de clase, honrar la vida con solidaridad y lucha.

He ahí el triunfo fundamental de las Madres de Plaza de Mayo, la victoria esencial de haber mantenido invicto el pañuelo blanco y entregar a las nuevas generaciones la enseñanza de todos los combates previos, para que cada lucha “no deba empezar de nuevo, separada de las luchas anteriores”, ya que así “la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se olvidan”. Porque, como también escribió Rodolfo Walsh un día, “esta vez es posible que se quiebre ese círculo”.

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