![]() |
||||||||||
Editorial
de ¡Ni un paso atrás!
Programa del 3 de marzo de 2005
Brindis por el pueblazo del paisito
Como un árbol con sombra que da sol, así crece la esperanza de cambios políticos fundamentales en América latina. Ahora es Uruguay, pero antes fueron y siguen siendo, Venezuela Bolivariana y Argentina y Brasil y Cuba primero que todos.
Esa esperanza reside en los pueblos de esos países y, según los casos, también en los gobiernos de esos países. Con altibajos, claro; con claroscuros, es cierto. Argentina K no es lo mismo que el Brasil de Lula, pero ambos se igualan en las potencialidades de sus pueblos organizados y valientes. Las Madres de Plaza de Mayo guían la esperanza en Argentina; los campesinos Sin Tierra labran el suelo brasileño para que crezca allí el hombre nuevo, que la mesura profinanciera del gobierno de Lula no podrá detener. Más allá de sus gobiernos, los pueblos de Bolivia y Colombia, Ecuador y Paraguay, Perú y Chile transitan la misma rebelión que hizo posible este inédito tiempo político.
Pero ahora es hora de Uruguay. Al otro lado del Río de la Plata, la coalición Frente Amplio-Encuentro Progresista-Nuevo Espacio- ha alcanzado el gobierno. El caso del paisito es excepcional en el continente, puesto que habría que remontarse hasta la experiencia de Salvador Allende en Chile para encontrar un gobierno formalmente de izquierda y asumido como tal durante la campaña electoral previa, que gana las elecciones y asume el poder. La Venezuela de Chávez ha ido descubriéndose popular y socialista en el desarrollo de su particular proceso sociopolítico. Por Kirchner nadie daba ni dos pesos debido a su procedencia pejotista y, además, por su padrino Eduardo Duhalde. Y sin embargo, aquí está reivindicando como luchadores a los desaparecidos de los años 70, asumiendo la responsabilidad estatal en el Terrorismo de la dictadura y enfrentando, aunque por ahora sólo verbalmente, al establishment económico.
Pero decíamos que Uruguay es distinto, debido a que tiene detrás de él toda una carga simbólica y de expectativas por izquierda, con las que no contaban las otras experiencias progresistas que se dan en la actualidad de América latina. Tabaré Vázquez sorprendería pero por la negativa, es decir, si no concretara los anhelos de transformación, como Lula y al revés de Kirchner o del propio Hugo Chávez, que a los ojos de la izquierda latinoamericana era un militar golpista más, con todo lo que ello representa en el pasado reciente del continente.
Será, entonces, un nuevo desafío para todos los revolucionarios latinoamericanos, que harán propio su triunfo si a Uruguay frenteamplista le va bien. A sangre y hambre y barrotes carcelarios, comprendimos que el proceso político que se desarrolla en América latina es la consecuencia de años y años de acumulación. Derrotas y fracasos y logros y resistencias y ejemplos y rebeldías y muertes y traiciones y retrocesos y avances, sintetizan en un nuevo paso adelante No lo tiraremos por la baranda en intransigencias estériles e infantilismos de izquierda. La lucha por la revolución, el socialismo y un nuevo estadio en las relaciones humanas no es para un decenio o dos, sino para toda la vida. Toda. Tiene una dimensión mucho más profunda y amplia que la concreta coyuntura. Es una pelea cultural, también, y no sólo en la base material de las sociedades. Que Tabaré no logre desandar la ley capitalista del valor, que la correlación de fuerzas y sobre todo la subjetividad de las mayorías nacionales no permitan avanzar más rápidamente hacia el comunismo y la sociedad de la solidaridad, no nos ubicarán en la oposición al proceso uruguayo, ni nos convencerán que ésta es una nueva frustración, como ya empezarán a decir los opinólogos por derecha disfrazados de contestatarios. Seremos pacientes con Tabaré, pero no tendremos pausa en nuestra expectativa.
El triunfo electoral de la izquierda uruguaya es, en esa perspectiva, un solo eslabón de una cadena larguísima que viene desde el fondo de los días procurando acabar con la injusticia y que, invariablemente, proseguirá su recorrido.
Más o menos estas cosas se decían Raúl Sendic y José Gervasio de Artigas el martes 1º de marzo en una esquina de la Ciudad Vieja. El Che y Rodolfo Walsh les servían copitas de medio y medio, que los treinta mil desaparecidos compartían con ellos secándose el sudor en el pañuelo blanco de Hebe de Bonafini, arribada especialmente a Montevideo para tal menester. La revolución no termina más, porque nunca nada clausura la historia. Como la vida, exactamente.
Subir |
||
| AMASU - Apoyo a Madres de Plaza de Mayo - Suecia |