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Lo nuevo en América latina no termina de nacer, porque lo viejo no muere todavía. El tiempo político superador del neoliberalismo asoma por detrás del terraplén, pero la escafandra hípercapitalista no termina de quitar sus pies del plato. Esto es: aún y por largo tiempo más, la lucha de los pueblos habrá de continuar. Proseguirá en las calles y las rutas, las montañas y los campos. Nos exigirá y llamará reconfortándonos, y nos desvelará también, sacándonos dulce malasangre del torrente sentimental.
El nuevo tiempo histórico no supone, necesariamente, un cambio en la superficie política. Podrá ocurrir como no. Pero, acontezca o todo lo contrario, su eventualidad no detiene ni un poquito así la llegada de una nueva estación social, política y económica. La realidad, hoy más que nunca, abarca todo aquello que no sucede. Por debajo de las querellas coyunturales, puntuales y concretas, la lucha de clases libra calladamente a veces, a gruesos gritos otras, batallas trascendentales, definitorias, aunque también puntuales y no menos concretas. Conjunción indispensable de teoría y lucha, de cuerpo y palabra, de protesta y propuesta, de acción con gestión.
Entonces, 19 y 20 de diciembre mediante, renuncia del Jefe de Gobierno o no, la cuestión ya no es esa. Elecciones anticipadas, referendo o constituyentes, no resuelven el valor que el capitalismo le asigna a la vida en sus siniestras Bolsas de Comercio. Se requiere cabeza clara, corazón solidario y puño combativo.
El enemigo es uno solo y los aliados, disímiles, heterogéneos, diversos. Tanto, que a veces parecen distantes, lejanos, contrarios. Enemigos. Acercarlos, entonces. Traerlos para acá. Levantar alto las banderas cuando pasen, sin bajarlas jamás. Dejarlas extenderse desde las alturas del sol cuando se apague la tarde. Ninguna estrategia deberá excluir, atrasar ni renegar de la táctica del socialismo. La realidad es Revolución, siempre, por más derrotas, muertes y presos que hoy nos toque contar con un palo.
Precisamente, de eso habría que hablar. Una distancia entre Venezuela Bolivariana y Argentina de hoy, es, notoriamente, aquella que se cuenta en la libertad de los que luchan. En la Argentina de las sugeridas transformaciones, hay presos políticos de la causa popular. Pero eso no iguala a la Argentina de hoy con, por caso, la Colombia de esta misma noche. Necedad no es pasión, está visto. Crear las condiciones políticas para que los luchadores sociales y políticos procesados y hasta encarcelados, recuperen su libertad y crezca y se desarrolle su lucha. Eso. Como para empezar. Aunque sin tirar abajo lo conseguido y logrado. Sin romper consensos obtenidos y procurando afianzarlos aún más. Volcando hacia el lado del pueblo el saldo de los procesos políticos. Con una revolución pacífica a la bolivariana, o a los tiros u ocupaciones de tierras como en Colombia y Brasil. Pero con la paz de la Revolución, esa intervención implacable y decidida de los pueblos en este drama verdadero y sangrante que se llama Historia.
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