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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 20 de enero de 2005

Ojalá


El mundo está de luto. George W. Bush asume hoy en Estados Unidos su segundo mandato presidencial. El es el presidente de la guerra; su gobierno es el más terrorista de la humanidad. Cuando es pronunciado su nombre, un tsunami de uranio empobrecido, botas militares y mocasines de especulación financiera alza su sombra sobre la cabeza de los pueblos de todo el planeta, que temen, directamente, ser masacrados si eso hiciera falta para mantener alta la tasa de ganancia imperialista. Bush representa la versión más agresiva y sangrienta del imperialismo norteamericano. No porque las otras anteriores lo hayan sido menos, sino porque la suya es sencillamente aterradora, impune, grosera, flagrante.

Notorio es que en América latina se sucedieron crecientes y cruentas rebeliones populares durante su primer período al frente de la Casa Blanca. Se avanzó en la derrota del neoliberalismo que sometió –y continúa haciéndolo aún hoy, aunque en franca retirada- a los pueblos americanos. La continuidad de Bush implica, también, la persistencia de esas luchas contra quienes quieren perpetuar la dominación imperialista. Orta vez, la acción liberadora de los pueblos que genera una reacción de prepotencia y odio en los dominadores.

En declaraciones recientes, la jefa de la política internacional estadounidense, Condoleezza Rice, afirmó confiar en el desarrollo del comercio para promover la democracia y el crecimiento económico. Esto es, imponer el ALCA en toda la geografía americana y ensanchar el imperialismo. Y si no, desestabilización política, golpes de Estado y actos terroristas; exactamente lo que le viene sucediendo a Venezuela Bolivariana en los últimos años, precisamente los de su proceso de consolidación. Esos son los propósitos norteamericanos más próximos, además de avanzar en “la diplomacia”, como aclaró cínicamente la Canciller, aunque –claro- sin suspender ni un poquito la ocupación militar en Irak, sin devolver los presos políticos que sobreviven en condiciones infrahumanas en Guantánamo, sin desandar las amenazas a Cuba, sin desarmar al estado de Israel en su genocidio contra el pueblo palestino, es decir: con la sorda diplomacia de poseer las armas más poderosas de la Tierra.

Por lo demás, la Rice consideró a Venezuela chavista como una “fuerza negativa”. Esa carga perjudicial que le atribuye el imperialismo norteamericano al proceso bolivariano, es justamente a la inversa si se trata de la valoración que los pueblos de América latina hacen de esa experiencia. Venezuela representa la esperanza de los oprimidos y sufrientes económicos e históricos americanos. Reivindica para sí la rebeldía, la solidaridad entre los pueblos y los sueños de un mejor vivir, en libertad y con justicia. Venezuela y Cuba. Y ojalá, Uruguay y Brasil más decididamente y Argentina más temprano que Duhalde, y Bolivia cocalero y Paraguay campesino y Chile rodriguista y Colombia y México insurgentes, y Perú y Ecuador indígenas

Bush renueva hoy su cargo ejecutivo, esencialmente para clausurar ese ojalá vital de los pueblos latinoamericanos. Aplauden su entrada triunfal en la Casa Blanca las manos largas de afilados dedos del renovado Plan Cóndor. Las operaciones paramilitares han resucitado en la geografía andina y se han extendido hasta aquí nomás, en Moreno, provincia de Buenos Aires, donde fue marcado a dedo y encarcelado un militante de la causa del pueblo chileno. Deberemos oponerle solidaridad y lucha, porque lo contrario es hambre y represión. De nosotros depende. La historia repica las campanas convocando a los pueblos a rescatarla de la oscura y longa noche imperialista. Aunque Bush parezca hoy invencible, los pueblos podrán más que su aceitada máquina de matar. Ojalá.

 

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