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Editorial de ¡Ni un paso atrás!

Programa del 13 de enero de 2005

El capitalismo no anda más

El capitalismo no anda más. Está viejo. Echa feo olor por la boca. Olor a difunto. A cuerpo vencido. A misa va con la bragueta baja. Visita a los jueces, a los jefes de policía, a los empresarios tosiendo a muerte. El capitalismo no anda más.

Ejemplo: República Cromañón. La masacre en el boliche de Once es un botón de muestra del certificado de defunción que aqueja al capitalismo. Un Estado ausente excepto a través de la policía. Hospitales devastados; sistema de salud absolutamente fuera de sí; trabajadores de los centros asistenciales desencajados, sin contención ni elementos médicos, obligados a resolver con su voluntad, su dignidad de trabajadores, su ejemplo de solidaridad todas las falencias del saqueo estatal. Y empresarios sin escrúpulos, que comprendieron acabadamente la ética de este sistema de relación social: lucrar cómo sea, maximizar la ganancia, contabilizar fríamente las posibles muertes que ocasione el negocio como “gastos”, como “costos”, como un número, una variable cuantificable. Solamente así ellos podrán convertirse en exitosos, en ganadores, en los triunfadores entre el estiércol donde sobrevive la población. No olvidar que en el país de las vacas gordas y el trigo para el pan, se mueren hoy cien niños de hambre y mañana otros cien más, y que en dos días solamente se morirán sin chistar la misma cantidad de jóvenes que fallecieron en Once.

(A propósito, se estrenó en el canal América de televisión un programa que se llama “Vil metal”. El “entretenimiento” consiste en seis participantes que cuentan sus historias de vida terribles, dramáticas, por las cuales necesitan el dinero que el programa ofrece a quien triunfe en cada emisión. Ejemplo: un padre que precisa con urgencia los hasta cincuenta mil pesos del premio, para curar a su hijita de una grave enfermedad. Claro que la historia que cada participante relata puede ser perfectamente falsa. El juego consiste en contar, aunque sea inventando, el percance más dramático y conmovedor de todos. Para ganar vale mentir, preparar complots en el “cuarto de conspiración”, hacer alianzas y traicionarlas luego... Hasta ahora ningún juez de la Nación ha solicitado la prohibición del programa, en defensa de la sensibilidad del espectador y de su derecho a no ser burlado en sus sentimientos más nobles, como sí lo hicieron con la muestra de León Ferrari).

O sea, el capitalismo no anda más. Ya no tiene moral que lo sustente, que genere metas de superación del hombre, que realice la necesidad humana de avanzar en las relaciones sociales. Y por única solución a sus fallas estructurales, criminales, que lo devuelven al paleolítico superior donde campeaba el hombre de cromagnon, ofrece la asunción de Juan José Alvarez.

Juanjo Alvarez, la paloma carnicera. Responsable del asesinato filmado hasta el detalle, de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán. Si hubiera sido “halcón” y no “paloma”, quizás habrían ocurrido muchas más muertes aquel 26 de junio. Fueron solamente dos. O tal vez se hubiera preparado mejor el montaje de la matanza, sin cámaras periodísticas de testigo, para volver más sórdidos los crímenes. “Esta vez los controles van en serio”, dice Alvarez, amenazante, con sus sardinetas de sangre sobre el hombro como único dato fehaciente de su severidad.

Juan José Alvarez en seguridad porteña, en estas horas tan dramáticas y acuciantes, significa el resurgimiento de Eduardo Duhalde. El reaseguro del mafioso de la provincia de Buenos Aires. La confirmación de que su aparato político poderoso y temible es el único que puede garantizar la gobernabilidad burguesa. Aunque esa gobernabilidad cueste palos, sangre, presos, cabezas rotas, agua azul marcando a los rebeldes, a los que no se conforman.

Con Alvarez damos un paso atrás todos los que aspiramos a otro país, en la perspectiva de otro sistema radicalmente diferente a éste. Somos burlados los que ansiamos la unidad de los pueblos de Latinoamérica. Es una afrenta para los que luchamos por la justicia y la igualdad y contra la impunidad y por la vida. Pero atención, que no es cuestión de Alvarez solamente. Es el capitalismo.

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