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LAS
MADRES TOMARON LA SEDE DE LA JEFATURA DEL GOBIERNO PORTEÑO
La única transición posible es trabajar para pasar de la miseria
a la dignidad
Demetrio Iramain
Venimos a una reunión con Telerman, mintieron a medias en
la entrada de la Jefatura del Gobierno porteño. ¿Está
acordada?, preguntó suponiendo que sí el empleado de seguridad
en la puerta del edificio. En verdad, las Madres de Plaza de Mayo fueron a la
sede comunal para reunirse con el Jefe de Gobierno, salvo que éste no
lo supo hasta que las ocho Madres estaban sentadas en los gruesos sillones del
Palacio.
Con absoluta discreción y total soberanía e independencia políticas,
las Madres decidieron el miércoles 27 tomar la Jefatura del Gobierno
porteño para concretar una entrevista con el todavía jefe comunal
en la que exigirle que reafirme y ratifique la continuidad de los proyectos
que están en marcha en Villa 15, Barrio Los Piletones de Villa
Soldati y el predio de Castañares y General Paz.
El argumento de las Madres surge claro: ellas observaron que al ganar Mauricio
Macri la elección capitalina volvió al escenario político
el ideario neoliberal conservador. Lo observaron con el entendimiento y la lucidez
de sabias luchadoras, y lo refutaron desde la telita más íntima
de su subjetividad: no permitirán que nada ni nadie pongan en riesgo
el proyecto de vida que los vecinos de los barrios más pobres llevan
adelante con alegría, seriedad y compromiso: edificación de más
de 1.500 cómodas casas, una fábrica para viviendas sociales, talleres,
escuelas, jardines maternales, limpieza y mantenimiento de las villas, apertura
de calles y cursos de capacitación en oficios.
Por eso apuraron las cosas y se adelantaron a las conversiones que habrán
de tener Jorge Telerman y Mauricio Macri (en las que se podrían archivar
planes sociales para cambiarlos por otros por ejemplo-, represivos), con
una acción desconcertante y de profundas implicancias políticas.
Y simbólicas.
¿Acaso las Madres están augurando nuevos tiempos de conflictividad
social ya conocida por aquí, si es que Macri y su cría de golpistas
y oligarcas insisten en aplicar políticas antipopulares? El mensaje de
las Madres es inequívoco: quien sea el que ocupe el cargo de Jefe de
Gobierno, la construcción de un futuro mucho menos cruel que el sugerido
durante décadas de abandono y pauperización para los marginados
socialmente no puede detenerse ya. Mantenemos nuestra confianza en el
proyecto del gobierno del Presidente Kirchner y creemos que no se puede retroceder
en el camino emprendido con tanto esfuerzo, sostuvieron las Madres en
la comunicación de prensa que contó al país entero la acción
de los pañuelos blancos.
A las Madres las decidió la atenta lectura de los diarios. Nos
enteramos por los medios de comunicación de los acuerdos para una transición
prolija y negociada para cancelar todos los gastos sociales y los proyectos
en marcha, declararon ellas en aquel comunicado difundido al mismo tiempo
que ingresaban disimuladamente, silbando como si nada, al edificio donde funciona
la Jefatura del Gobierno de Buenos Aires.
Las Madres tienen años de lucha encima, y saben que transición
prolija, equilibrio presupuestario, control del gasto
público, son conceptos que significan cualquier cosa menos el cumplimiento
de acuerdos previos y la concreción de políticas de Estado ya
resueltas y comprometidas, entre ellas los proyectos que las Madres tutelan
en los barrios más pobres de la ciudad.
Las Madres, que no quieren nada para sí y, en cambio, todo lo anhelan
para sus iguales de clase, se cortaron solas esta vez y realizaron la acción
a contramano de las prácticas más habituales en los momentos de
cambio de las gestiones políticas. Ellas intuyeron que transición
prolija, gestión ordenada hasta el final del mandato,
pueden querer representar oscura negociación, pacto miserable. Acomodar
gente en lugares más o menos importantes de la administración;
pichulear intangibilidad para algunos a cambio de favores para otros. Continuidades
menores en la ruptura total. Politiquería, en otras palabras. Chiquitaje.
Para las Madres de Plaza de Mayo, en cambio, es exactamente a la inversa. Con
Macri no hay que ser ordenado ni prolijo en los reclamos, entienden ellas. No
debe negociarse, si lo que está en juego es la situación de miles
de familias que ven peligrar sus sueños y sus esperanzas. No hay transición
que justifique demoras en las respuestas que debe darse desde la más
alta investidura comunal a las necesidades de los más débiles.
No puede haber pactos sino exigencias redobladas si lo que está en el
medio es la vida de los otros, si esos otros son cientos de miles, y si esos
cientos de miles no tienen nada que perder, salvo sus cadenas.
Cuestión, que las Madres volvieron a sorprender. Agitaron el parche de
la realidad e inventaron un candombe nuevo. No es novedad que tomen un edificio
público para presionar a los gobernantes a precisar respuestas coherentes
y favorables al pueblo. Pero nos agarraron a todos desprevenidos. Otra vez.
Con el bocado del mediodía a medio masticar. No hacía falta que
las Madres dirijan esta acción para hacernos recordar a todos, también
a sus enemigos de clase, que ante la menor injusticia, aún bajo las peores
circunstancias, en los momentos menos propicios para las verdades más
inoportunas, allí estarán ellas, con sus pañuelos blancos
y en sus ojos la mirada de sus hijos, diciendo, contra todo y contra todos,
que viva el socialismo, que viva la revolución.
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