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Buenos Aires, 27 de junio de 2007

LAS MADRES TOMARON LA SEDE DE LA JEFATURA DEL GOBIERNO PORTEÑO

La única transición posible es trabajar para pasar de la miseria a la dignidad


Demetrio Iramain

“Venimos a una reunión con Telerman”, mintieron a medias en la entrada de la Jefatura del Gobierno porteño. “¿Está acordada?”, preguntó suponiendo que sí el empleado de seguridad en la puerta del edificio. En verdad, las Madres de Plaza de Mayo fueron a la sede comunal para reunirse con el Jefe de Gobierno, salvo que éste no lo supo hasta que las ocho Madres estaban sentadas en los gruesos sillones del Palacio.

Con absoluta discreción y total soberanía e independencia políticas, las Madres decidieron el miércoles 27 tomar la Jefatura del Gobierno porteño para concretar una entrevista con el todavía jefe comunal en la que exigirle que “reafirme y ratifique la continuidad de los proyectos que están en marcha” en Villa 15, Barrio Los Piletones de Villa Soldati y el predio de Castañares y General Paz.

El argumento de las Madres surge claro: ellas observaron que al ganar Mauricio Macri la elección capitalina volvió al escenario político el ideario neoliberal conservador. Lo observaron con el entendimiento y la lucidez de sabias luchadoras, y lo refutaron desde la telita más íntima de su subjetividad: no permitirán que nada ni nadie pongan en riesgo el proyecto de vida que los vecinos de los barrios más pobres llevan adelante con alegría, seriedad y compromiso: edificación de más de 1.500 cómodas casas, una fábrica para viviendas sociales, talleres, escuelas, jardines maternales, limpieza y mantenimiento de las villas, apertura de calles y cursos de capacitación en oficios.

Por eso apuraron las cosas y se adelantaron a las conversiones que habrán de tener Jorge Telerman y Mauricio Macri (en las que se podrían archivar planes sociales para cambiarlos por otros –por ejemplo-, represivos), con una acción desconcertante y de profundas implicancias políticas. Y simbólicas.

¿Acaso las Madres están augurando nuevos tiempos de conflictividad social ya conocida por aquí, si es que Macri y su cría de golpistas y oligarcas insisten en aplicar políticas antipopulares? El mensaje de las Madres es inequívoco: quien sea el que ocupe el cargo de Jefe de Gobierno, la construcción de un futuro mucho menos cruel que el sugerido durante décadas de abandono y pauperización para los marginados socialmente no puede detenerse ya. “Mantenemos nuestra confianza en el proyecto del gobierno del Presidente Kirchner y creemos que no se puede retroceder en el camino emprendido con tanto esfuerzo”, sostuvieron las Madres en la comunicación de prensa que contó al país entero la acción de los pañuelos blancos.

A las Madres las decidió la atenta lectura de los diarios. “Nos enteramos por los medios de comunicación de los acuerdos para una ‘transición prolija’ y negociada para cancelar todos los gastos sociales y los proyectos en marcha”, declararon ellas en aquel comunicado difundido al mismo tiempo que ingresaban disimuladamente, silbando como si nada, al edificio donde funciona la Jefatura del Gobierno de Buenos Aires.

Las Madres tienen años de lucha encima, y saben que “transición prolija”, “equilibrio presupuestario”, “control del gasto público”, son conceptos que significan cualquier cosa menos el cumplimiento de acuerdos previos y la concreción de políticas de Estado ya resueltas y comprometidas, entre ellas los proyectos que las Madres tutelan en los barrios más pobres de la ciudad.

Las Madres, que no quieren nada para sí y, en cambio, todo lo anhelan para sus iguales de clase, se cortaron solas esta vez y realizaron la acción a contramano de las prácticas más habituales en los momentos de cambio de las gestiones políticas. Ellas intuyeron que “transición prolija”, “gestión ordenada hasta el final del mandato”, pueden querer representar oscura negociación, pacto miserable. Acomodar gente en lugares más o menos importantes de la administración; pichulear intangibilidad para algunos a cambio de favores para otros. Continuidades menores en la ruptura total. Politiquería, en otras palabras. Chiquitaje.

Para las Madres de Plaza de Mayo, en cambio, es exactamente a la inversa. Con Macri no hay que ser ordenado ni prolijo en los reclamos, entienden ellas. No debe negociarse, si lo que está en juego es la situación de miles de familias que ven peligrar sus sueños y sus esperanzas. No hay transición que justifique demoras en las respuestas que debe darse desde la más alta investidura comunal a las necesidades de los más débiles. No puede haber pactos sino exigencias redobladas si lo que está en el medio es la vida de los otros, si esos otros son cientos de miles, y si esos cientos de miles no tienen nada que perder, salvo sus cadenas.

Cuestión, que las Madres volvieron a sorprender. Agitaron el parche de la realidad e inventaron un candombe nuevo. No es novedad que tomen un edificio público para presionar a los gobernantes a precisar respuestas coherentes y favorables al pueblo. Pero nos agarraron a todos desprevenidos. Otra vez. Con el bocado del mediodía a medio masticar. No hacía falta que las Madres dirijan esta acción para hacernos recordar a todos, también a sus enemigos de clase, que ante la menor injusticia, aún bajo las peores circunstancias, en los momentos menos propicios para las verdades más inoportunas, allí estarán ellas, con sus pañuelos blancos y en sus ojos la mirada de sus hijos, diciendo, contra todo y contra todos, que viva el socialismo, que viva la revolución.

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