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Malmö, Suecia 24 de marzo de 2007

El Ché: Muerto y enterrado?


Jorge Capelán
MANA
Revista Sueca antirasista

El agente de la CIA Gustavo Villoldo dice que tiene pruebas de que los restos del Ché no están en el mausoleo de la cidudad cubana de Santa Clara, sino en algún lugar de Bolivia. Tal vez sea cierto, pero un vistazo al clima político de América Latina y otros lugares del mundo siembran dudas sobre si el Ché de veras ha muerto.

Las informaciones acerca de que no son los restos del Ché los que están enterrados en Santa Clara vienen del ex-agente de la CIA Gustavo Villoldo, ahora en el exilio en Miami. Documentos hechos públicos por los organismos de inteligencia de los EEUU confirman que Villoldo estuvo invlucrado en la caza del Ché en Bolivia, y el propio agente dice que tiene en su poder un rizo de los cabellos del dirigente revolucionario como prueba de que fué él la última persona en tener contacto con el cadáver del Ché Guevara.

Como siempre en las cosas que tienen que ver con Cuba, hay toda razón de desconfiar de informaciones procedentes de Miami: Se tratará de un viejo mercenario tratando de desahogar su corazón ahora que el final de su vida se hace próximo o de alguien que necesita de un poco de dinero de entrevistas para heredar a sus nietos? Se trata de un intento de poner en duda las detalladas investigaciones del gobierno cubano acerca de las circunstancias de la muerte del Ché o de una manera de acosar a los miembros de su familia todavía en vida? Por qué se tomó Villoldo tanto tiempo en salir públicamente con esa información? Se puede especular sobre el tema hasta el infinito, y hasta podría ser que los datos del ex-agente de la CIA sean verdaderos.

Pero, qué pasaría si los datos de Villoldo se corresponden a medias con la realidad? Pensemos en qué pasaría si los restos que están en el mausoleo de Santa Clara perteneciesen, no al Ché sino a algún otro de sus compañeros de la guerrilla, pero que al mismo tiempo éstos tampoco fuesen encontrados en Vallegrande, donde Villoldo dice que enterró al Ché?

Hay muchos indicios de que el Ché, 40 años después de su susodicha muerte en 1967 se encuentra en la mejor forma en muchos lugares del mundo.

En América Latina el Ché está por todos lados. La semana pasada el presidente de los EEUU George W. Bush estuvo de visita por algunos de los países de la región. Desde Uruguay hasta Guatemala fué literalmente sacado a patadas por las masivas protestas populares. En Argentina se reunieron 40 000 personas bajo la consigna "Fuera Bush, Fuera el imperialismo!" En el pequeño país vecino de Uruguay fueron 30 000 los que se manifestaron. La imágen de Ché Guevara fué frecuente en esas manifestaciones: En camisetas, mantas y pancartas, afiches, llaveros y portadas de libros y folletos. Su nombre fué coreado en consignas y discursos en Cochabamba, Bogotá, Caracas, San Pablo, Chimaltenango y Ciudad de Mexico. En la ciudad de Chinandega en Nicaragua se puede ver su imagen en las calcomanías de los taxis.

No sólo la imagen del Ché está presente en latinoamérica, sino sobre todo su ejemplo: A fines de 1951 el jóven estudiante de medicina Ernesto Guevara de la Serna deja Buenos Aires en un primer intento de conocer el vasto continente. Cinco años después sería su patria toda América Latina y el Tercer Mundo, convirtiéndose en el acabado médico de la guerrilla. Hoy, el médico de la guerrilla se ha convertido en decenas de miles de jóvenes desparramados por todo el continente. Le dan atención médica a los pobres, cambias bombillos eléctricos, alfabetizan campesinos y rganizan cooperativas sin pedir nada para sí mismos. Todos quieren ser como el Ché.

Si en los 70s los escritos del Ché sobre la guerra de guerrillas eran leídos por activistas políticos de todo el mundo, hoy son sus escritos sobre el Hombre Nuevo, sore la economía y sobre su crítica del "socialismo real" los que inspiran a los jóvenes de hoy en América Latina.

De haber sido objeto de discusión entre activistas de izquierda con el cejo funcido y un desarrollado sentido del territorialismo político, el Ché hoy ha pasado a ser objeto de discusión del pueblo. De campesinos, de amas de casa y de vendedores ambualntes. Los indios de Bolivia le prenden velas a San Ernesto. En los barrios de Caracas se le puede ver al lado de Chavecito - el muñeco en miniatura de Chávez que en la navidad pasada se convirtió en el gran éxito de ventas. "Kitsch revolucionario!" gritan teóricos especializados en análisis que una y otra vez erran el clavo. "E Ché ha sido aceptado en el hogar del puebo," dicen otros.

América Latina es hoy la cresta de la gran ola de alternativas positivas al orden mundial imperante. Pero no es sólo allí que se puede ver el fantasma del Ché con cada vez mayor fuerza. En Kerala en la India, en los campos de refugiados palestinos en el sur del Líbano, o en las calles de Copenhague hay siempre alguna mujer que lleva una pancarta con la imagen del Ché, un hombre que talla su cara sobre una tabla de madera o un jóve que lleva un pin con su retrato. Los académicos dicen que esa gente no sabe quién era el Ché. Ellos contestan: "Claro que lo sabemos! El Ché es el pueblo que se piensa a sí mismo." Cómo puede ser que el Ché esté muert y enterrado?

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