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La gente y sus represores
Osvaldo
Bayer
Página
12
La gente no se
rinde. Sí, sí, aquello del espontaneísmo de las masas.
Pese a que en las elecciones le hacen elegir entre dos candidatos sonrientes,
la gente se pone a construir por iniciativa propia. Me gusta caminar por el
barrio. De pronto me llaman unos alumnos del Normal 10 porque quieren "discutir
temas". Abro la boca de sorpresa. O me invitan a la Casa del Pueblo de
allá, de la calle Galván y Congreso. Han venido mapuches, me dicen.
Dos mujeres y dos hombres. Nos enseñan sus instrumentos musicales, todos
hechos con productos de la naturaleza, y tejidos, trabajados por las manos de
las mujeres. Pero además presentan un libro: Voces indígenas
de la Patagonia. La autora es una periodista danesa que ha estado con
ellos recorriendo esas soledades. Pero no sólo trae sus impresiones sino
también los documentos que va produciendo el Consejo Asesor Indígena.
Con esa paciencia y calma que los distinguen, escriben verdades. Por ejemplo,
leo: "Con la llegada del hombre blanco a nuestras tierras comienza el
proceso más violento de la desarticulación de la armonía
del hombre con la naturaleza. Junto a las pestes, a las enfermedades, llegaron
valores y principios desconocidos para nuestros pueblos: la avaricia, el individualismo,
la acumulación de poder y riqueza a costa del sufrimiento de muchos.
De la mano de la espada y la cruz, nos impusieron dioses e idiomas desconocidos
que nada tenían ni tienen que ver con la cosmovisión de los pueblos
originarios". Y agrega: "De la mano del Remington, la cruz,
el alcohol, se masacró a millares de mapuches, se arrasó e incendió
tolderías, se apropiaron de nuestras mujeres y niños para trofeos
de las familias ricas, se puso precio a las tetas de nuestras hermanas y a las
orejas de nuestros hermanos. Se condenó a nuestro pueblo a refugiarse
entre los pedreros cordilleranos, mientras nuestro territorio quedaba en manos
del conquistador". Y luego se expresa la esencia de lo que hubiera
sido un encuentro, que no fue: "Como parte de la naturaleza, sabemos
que en la diversidad está la fuerza, en la unión y el respeto
de lo diferente está el futuro, pero no sobre la base del olvido y la
mentira".
El gobierno español
señaló a los quinientos años de la conquista que a los
hispanos los había llevado a América el ansia de distancias. Eduardo
Galeano contó palabra por palabra de los documentos de Colón,
donde emplea 159 veces la palabra oro y 35, la palabra Dios. Oro, oro, oro.
El ansia del oro y no de las distancias. El estanciero Martínez de Hoz
recibió del conquistador Roca 2.500.000 hectáreas cuadradas de
las mejores tierras. Las armas de la Patria. Su bisnieto fue ministro de Economía
del general Videla. Viva la Patria, carajo.
El padre Fagnano,
al terminar la campaña de Roca, escribirá: "Ahora los indios
tendrán trabajo y religión". Es decir: salvaron sus almas.
Roca los llevará de esclavos a Martín García y a los cañaverales
tucumanos. A las "chinas" las entregará a las familias de militares
y a gente de bien como sirvientas. Los indiecitos de la chusma, adjetivo de
Roca, fueron repartidos como mandaderos. Así tuvieron trabajo y religión.
La cruz y la espada.
Pero ya estamos
en otra Patagonia. Esquel no se rindió. Un ejemplo histórico.
Le dijeron no al oro. Esta vez la conquista del oro venía con cianuro.
No con la cruz y la espada. Pero el pueblo dijo que no. Asambleas populares,
verdadera democracia de raíz. Y bien, un periodista de allá acaba
de editar un libro sobre esa epopeya popular: Esquel y su No a la mina, de Juan
A. Souza. En la tapa está el lema: "El agua vale más
que el oro". Un manual que servirá ahora para limpiar de
cianuro a Ingeniero Jaccobacci y a Andalgalá. Esta vez, la Patagonia
Rebelde triunfó.
Pero lo que entristece
mucho es la brutalidad disimulada que debemos combatir con toda nuestra fuerza.
Lo vemos a cada paso y es una herencia de muchas décadas. Fuerzas policiales
que actúan como asaltantes, hasta de ancianos, tratos indignantes al
civil que siempre es considerado sospechoso. Voy a relatar un caso, el cual
me consta y que ya es tratado por nuestros organismos de derechos humanos. He
aquí el acta de un grupo de jóvenes víctimas de la triste
experiencia: "El viernes 4 de noviembre, nos encontrábamos, junto
a un grupo de amigos, en la estación de trenes de Mar del Plata, aguardando
la salida del tren que partía a las 23.30. Teníamos los pasajes
ya adquiridos y la estación era uno de los lugares en los que se podía
permanecer. La mayoría de los comercios, lugares de alojamiento, etc.,
se encontraban cerrados. La guardia policial, que ya estaba apostada en la estación
desde temprano, empezó a obligar a los comercios a cerrar a las 18.30.
Mientras esperábamos, llegaron a la estación dos móviles
celulares de la Policía de la Provincia. Se nos acercaron y nos ordenaron
ponernos contra la pared. Revisaron nuestras mochilas y todo lo que llevábamos
encima. Sin encontrar nada, nos obligaron a subir a un vehículo para
presos. Uno de nosotros preguntó el porqué de nuestra detención
y la respuesta fue: 'Por averiguación de antecedentes'. Al subir a esa
cárcel rodante comenzó el maltrato generalizado. Nos obligaron
a agachar la cabeza, a poner las manos hacia atrás, a mantener silencio.
A la mínima resistencia de un detenido, los policías lo golpearon.
El vehículo arrancó entre amenazas verbales y maltratos. Nos obligaron
a permanecer en silencio mediante gritos y uno de ellos dijo: 'De ahora en más
van a dormir todo el viaje', y arrojó un artefacto explosivo hacia nuestra
área. Luego cerró la puerta que separaba a los detenidos de la
policía. La bomba explotó y cuando el sonido ensordecedor cesó,
se escucharon las carcajadas de los policías. Después comenzó
una requisa en la que nos despojaron de todos los objetos de valor: dinero,
documentos, teléfonos celulares, vestimenta. Esos objetos jamás
lo volvimos a ver. Bajamos con la cabeza mirando al piso y con las manos a la
espalda, y comenzó la segunda fase del proceso, que consistió
en una nueva requisa y amenazas. Antes de encerrarnos en celdas nos hicieron
cumplir con un circuito de controles: averiguación de identidad, datos
familiares, sala interrogatoria, medir, pesar, fotografiarnos, averiguar por
nuestras tareas cotidianas, nuestros sobrenombres, huellas digitales, control
médico, requisa de nuestras pertenencias. De pronto se escuchó
una voz que dijo a posibles testigos: 'Los detenidos van al sector de presos
comunes; si algo les sucede, como golpes, violación o si los matan, es
pura responsabilidad de los presos comunes'. Y ahí, sin darnos ninguna
explicación, nos encerraron en las celdas. Gracias a la intervención
de los abogados de derechos humanos, periodistas independientes y el fiscal,
logramos una pronta recuperación de la libertad. A las 6 de la mañana
nos trasladaron a la terminal de ómnibus y de allí nos expulsaron.
Ninguno de nosotros había estado en los disturbios, ni cometido roturas
o agresiones. Ni siquiera habíamos marchado. Algunas personas fueron
detenidas mientras miraban el mar y en la ausencia de testigos fueron golpeadas
y se les plantaron 'pruebas' (piedras) en sus mochilas".
Procedimientos
policiales en vez de perseguir a los verdaderos provocadores. Además,
es la actitud policial para demostrar su poder. Lo dijimos en 1983: al entrar
la democracia había que cambiar todos los profesores de las academias
policiales y militares. No se hizo. Seguimos con una policía y un ejército
educados por los docentes de la dictadura.
El mismo defecto
ha demostrado la Iglesia en su último comunicado, cuando critica a quienes
no han censurado a la guerrilla. Los señores obispos quieren poner en
el mismo plano a héroes del pueblo como Rodolfo Walsh, Haroldo Conti,
el Paco Urondo, con asesinos desde el poder como el general Menéndez,
el comisario Patti, el general Bussi, el general Camps: torturadores, secuestradores
de niños, asesinos masivos, bestiales autores de la desaparición
de personas, la muerte argentina. Es lo mismo que el procedimiento policial:
hacer recaer la culpa en los que lucharon por una sociedad mejor. Pegan el grito
en eso para desviar la atención de los verdaderos criminales. Como el
tero.
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