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El color de la pobreza
Osvaldo
Bayer
Página
12
Ya no caben aquí
las ironías ni el lo habíamos dicho. Aquí cabe
sólo el inmenso dolor por el mundo que vivimos, pensando en los que hoy
son niños y les tocará vivir tiempos cada vez más difíciles,
fundados en el egoísmo y la estupidez de los poderosos. Lo de Nueva Orleans
es producto de la soberbia de los fatuos y el egoísmo de los ávidos
de poseer cada vez más.
En Nueva Orleans
ha fracasado la humanidad toda. Sus intelectuales, sus organizaciones del trabajo,
el sistema triunfante, las religiones.
El mundo acaba
de vivir su prueba más contundente. Primero, la demostración de
que este sistema no tiene salida. Segundo, que no es suficiente con denunciarlo.
Hay que luchar contra él. Desde lo político, desde lo ecológico,
desde lo espiritual, desde lo religioso. Con el huracán Katrina se ha
llegado a la última prueba. El sistema no sólo ha jugado con la
vida humana, sino también con la naturaleza. Lo ha dicho el representante
alemán, el director del medio ambiente de la ONU, doctor Töpfer,
al comenzar su discurso en Berlín: El deterioro climático
no es una visión del futuro, sino que es un hecho absolutamente actual.
Es una necesidad de vida y no frases de lujo de algún intelectual.
Llamó con dramatismo a frenar el crecimiento económico cuando
ya no se puede sostener el equilibrio ecológico. Y el primer ministro
alemán, Gerhard Schroeder, por primera vez criticó abiertamente
a los consorcios petroleros. Y llegó a una conclusión que tendría
que haberla dicho una década atrás: Hay que acabar con eso
de que la protección del medio ambiente y del clima pone frenos al empleo
de los desocupados. Que sostiene justo la derecha, los cristianos demócratas,
para las próximas elecciones.
Todo lo que se
pueda decir sobre la catástrofe de Nueva Orleans es poco. Los argentinos
tuvimos un aviso en las inundaciones en nuestra Santa Fe de la Vera Cruz, donde
no se tomaron las medidas de defensa necesarias porque igual que en Nueva
Orleans al fin y al cabo hubiera sido defender los barrios pobres, a los
sabaleros. A los cuales se mantuvo meses enteros debajo de carpas agujereadas
con piso de lodo. El color de la pobreza es el negro, tituló
un diario con referencia a que el número de víctimas del desastre
republicano de Louisiana es en su mayoría gente de color,
descendientes de esclavos. No se hizo las construcciones de defensa que requería
la protección de la vida.
En Naciones Unidas
sonó el alerta: Inversiones masivas para las energías renovables
y un No definitivo a las materias primas fósiles, como el petróleo.
Eso fue un mensaje directo a Estados Unidos, que se burló del Kioto I,
el alerta para proteger el futuro del planeta y los hijos de la naturaleza.
Y después al camino que siguieron todos los países del Primer
Mundo, sin excepción: la falta de grandeza frente al proyecto general
de dedicar todos los esfuerzos y gastos a una política de proteger el
medio ambiente y de las políticas nuevas sobre energía y el clima.
La misma mezquindad como los precios del petróleo en los últimos
días, una especulación pura. Ha llegado el momento definitivo
de que sean el Estado y asambleas ecologistas los que digan no a la tiranía
de las empresas irracionales cuya única finalidad es la ganancia, contra
todo principio de la Etica. Los pueblos tienen que empezar a movilizarse, a
salir a la calle para defender la salud del paisaje natural, como lo están
haciendo los patagónicos. Desde ya, la educación tiene que tener
una orientación fundamental acerca de la defensa de la naturaleza. Porque
no sólo el petróleo y los gases son el problema, sino también
el agua. Hay que leer a Humboldt, el sabio que recorrió la América
latina a principios del siglo XVIII y escribió maravillado acerca de
la defensa de la naturaleza que hacían los pueblos originarios, quienes
no tenían concepto de la propiedad, mientras que detalló cómo
los conquistadores españoles lo primero que hacían al llegar era
marcar y cercar ya la tierra de la que se apoderaban. Y aquí, cuando
Roca entregó las amplias y generosas pampas a quienes habían financiado
su mal llamada Campaña del Desierto apareció de pronto
el alambre del esto es mío, mío, mío.
Me acuerdo muy
bien de aquel Mayo de 1968 europeo, con los estudiantes en la calle, que entre
otros principios de libertad y solidaridad mantenían los ideales de la
protección de la naturaleza. Por eso, sonreí aquella vez en Buenos
Aires donde una mano sabia había escrito en el monumento a Julio Argentino
Roca, con pintura blanca: Prefiero el Mayo Francés y no el julio
argentino. Una frase plena de humor e ironía. Hace pocos días,
esa frase que lo decía todo ha sido borrada. Los entendidos dicen que
fue Macri quien ordenó hacerlo. Consecuente.
En los partidos
que se presentan en las próximas elecciones en la Argentina ni figura
la palabra defensa de la ecología. Tengamos en cuenta eso.
A partir de Nueva
Orleans, todas las carreras universitarias tendrían que obligar al estudio
y a la aprobación de la materia Protección y respeto por
el equilibrio ecológico. Las religiones deben acabar ya con eso
de rezar y rezar para que dios en su infinita bondad nos proteja.
No, nosotros tenemos que proteger a la naturaleza con nuestra acción
y no permitir que todo quede en manos del egoísmo de las empresas dominantes
y sus muñecos políticos. ¿Qué hace Naciones Unidas
respecto de la fabricación de armas y los bombardeos? Mira para otro
lado. En el fondo, nada más que una farsa, con funcionarios bien pagados
formando una burocracia bien pagada y parásita. Resultado: Nueva Orleans,
y ahora todo se quiere remediar con dos mil dólares por persona en los
bolsillos rotos de la población zaherida y humillada.
Martín Winter
escribe desde Bruselas, de la Unión Europea, que las autoridades
de la Unión Europea registran que si bien Estados Unidos posee un armamento
todopoderoso, y propicia guerras allí donde tiene o procura intereses,
no ha gastado ni medio centavo en prever las crisis civiles y las posibles catástrofes
en su propio territorio, en especial en las regiones más pobres.
Y agrega: Ahora queda al desnudo que desde siempre George W. Bush y su
ministro de Defensa Donald Rumsfeld persiguen una estrategia por la cual Estados
Unidos agrede, y luego los europeos son los encargados de reordenar las cosas.
Guerra para el Marte norteamericano y reconstrucción para la Venus europea.
Por eso fue tan
ejemplar y saludable por primera vez desde 1945 cuando Francia y
Alemania le dijeron no al ataque de Bush a Irak, mientras Inglaterra, la España
de Aznar y la Italia de Berlusconi se sometían al dictado de George W.
Bush. Y en esto quedó en claro que después de la acción
guerrera, Estados Unidos no estaba preparada para la catástrofe civil
que ocurrió en el país árabe ni tampoco de llevar a cabo
el reestablecimiento de la infraestructura pública. Y se dijo en Bruselas:
Quien hoy quiere llevar a cabo guerras exitosas no tiene sólo que
destruir sino que también debe reconstruir.
Y justamente el
problema de Bush en Irak es ahora el costo inmenso que cae en sus arcas sólo
para mantener su ejército de ocupación. Si no sabe o no puede
enfrentar la catástrofe de Katrina, menos va a poder borrar las huellas
criminales de los bombardeos y acciones de guerra en Medio Oriente.
Bush, el agresivo,
debe darse cuenta de que, por lo menos, es tan importante el dinero para prevenir
catástrofes como el monto de la financiación de la fabricación
de armas.
Esto no lo pudo
enseñar la lógica ni el respeto por la vida de los demás.
Que son los temas que tendría que tratar la reunión de Mar del
Plata. Los representantes que concurran deben comprender que ya no hay que ir
a recibir órdenes, sino a exigir un ordenamiento distinto. Las universidades
tienen que ayudar a ello, las asambleas futuras de la calle deben enseñar
lo que desea la gente de la vida: la paz, una existencia digna, trabajo para
todos y no balas ni automóviles de lujo ni artículos suntuarios.
Hay que comenzar también a despreciar a los políticos que sólo
se preocupan por candidaturas. ¿Pero acaso no es ya hora de que el ser
humano aprenda después de todas las enseñanzas de los genocidios,
el racismo, las guerras imperialistas, las ciudades destruidas, las columnas
de refugiados, el hambre, la orfandad, la desocupación, la violencia
uniformada por el poder, las hogueras de la irracionalidad, el miedo enseñado
desde el Más Allá? El mundo necesita maestros y no cowboys, investigadores
de la razón y el optimismo y no arrodillados que se consideran pecadores
ante Dios pero elegidos para ser la autoridad que domina al pueblo.
Bush, una caricatura. Los cadáveres flotando en Nueva Orleans, los niños iraquíes muertos en los bombardeos. Las colonias deben decir basta al imperio. Ya no es esto una propaganda de iluminados, sino la única salida de un mundo donde la Muerte cabalga en todas latitudes y longitudes.
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