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9 de junio de 2004

Cuestión de conveniencias

Nuevos elementos que prueban el carácter amañado e injusto del juicio contra cinco patriotas cubanos

Percy Francisco Alvarado Godoy
Escritor guatemalteco


Tres años acaban de cumplirse en el día de ayer, 8 de junio de 2004, del infame veredicto recibido por Ramón Labañino Salazar, Gerardo Hernández Nordelo, Antonio Guerrero Rodríguez, René González Sehwerert y Fernando González Llort, por parte de una corte de la ciudad de Miami. Acusados con un rosario de delitos no cometidos por ellos, nunca un juicio en la historia de la jurisprudencia norteamericana había sido tan politizado y manipulado por los representantes del gobierno, los cuales contaron con el apoyo y las presiones de la prensa mediática, encargada de exacerbar y viciar a la opinión pública, y de los representantes de la influyente extrema derecha en esa urbe.

Un rápido examen de las violaciones cometidas, permite a cualquiera comprender la infamia cometida:

Todas estas violaciones de los derechos de los cinco patriotas cubanos condujeron a tan injusto veredicto. Un examen de diversos antecedentes judiciales de casos de personas que sí cometieron realmente el delito de espionaje contra Estados Unidos, nos permite comprobar la inconsistencia de los argumentos esgrimidos por el gobierno y la justicia norteamericanos para imponer sanciones tan exageradas, crueles e infames. No cabe duda que a través de ellos se trató de castigar a Cuba y satisfacer a la mafia miamense. Ese fue el fin político de la fiscalía y su arbitraria actuación durante el juicio.

Tal vez el caso más sonado de espionaje contra Estados Unidos por parte de un país aliado lo representó el de Jonathan Pollard. Analista de la marina de guerra norteamericana, vendió importantes secretos a Israel a cambio de grandes sumas de dinero.

Apenas fue capturado Pollard en noviembre de 1985, el gobierno israelí pidió disculpas a la Casa Blanca. Usando el frágil e increíble argumento de que Pollard no era miembro del Mossad (el servicio de inteligencia de Israel) o de la inteligencia militar de este país, el primer ministro Shimon Peres adujo que el espía actuó imprudentemente como parte de una unidad independiente de la inteligencia israelí, prometiendo desactivar a la misma y castigar a los infractores. Resuelto el asunto de manera dudosa, Pollard fue condenado a cadena perpetua.

Años después en 1998, el jefe de gobierno israelí Benjamín Netanyahu reconoció, sin embargo, que Pollard era efectivamente un agente del Mossad. Queriendo ser presentado como un patriota e incapaz de dañar a los Estados Unidos, Pollard fue apoyado por el importante lobby judeo norteamericano.

Al analizar el caso de Jonathan Pollard y su condena por la justicia norteamericana por el delito de espionaje, cabe preguntarnos: ¿Por qué imponer un mismo castigo a los Cinco Héroes cubanos cuando en el caso de ellos no pudo probarse que realizaran actividad de espionaje contra la seguridad nacional de estados Unidos y a diferencia del agente israelí nunca fueron capturados in fraganti en estas actividades? ¿Por qué se les imputó falsamente el delito de conspiración para cometer espionaje, siendo juzgados como espías y recibiendo las máximas condenas por un delito no cometido? ¿No es esto, acaso, manipulación de la verdad y ensañamiento a partir de una mentira? Washington contó con abundantes pruebas documentales sobre el delito cometido por Pollard, mientras que en caso de los Cinco sólo se emplearon falsas presunciones.

Otro sonado caso de espionaje cometido contra Estados Unidos por el Mossad israelí lo representó la captura de 120 de sus agentes infiltrados en ese país en enero de 2002. Esta vasta red de espionaje diseminada en varias importantes ciudades norteamericanas como Los Ángeles, Miami, New Orleans, Chicago, Atlanta y Phoenix, bajo el manto de pertenecer a escuelas de arte, se dedicó a espiar a residentes árabes y a operativos de Al Qaeda.

Una investigación realizada por la revista especializada "Intelligence On line" demostró que esta red logró penetrar a los grupos terroristas árabes radicados en los EE UU y, sin embargo, nunca advirtió al gobierno norteamericano de los macabros planes perpetrados el 11 de septiembre por Al Qaeda contra las Torres Gemelas del World Trade Center y el Pentágono.

Cabría preguntarse: ¿Por qué las autoridades norteamericanas se limitaron a capturar a ese numeroso grupo de miembros del Mossad y a expulsarlos con posterioridad, sin tomar represalia alguna? ¿No estaban ellos, acaso, infiltrados como agentes no declarados de otro país en grupos terroristas ubicados en distintas ciudades norteamericanas? ¿Por qué a ellos sólo se les expulsó y a los Cinco Héroes cubanos no, cuando aparentemente realizaban similares actividades contra grupos terroristas?

En este caso específico, el FBI actuó de manera diferente a como lo hizo en Miami en relación con los patriotas cubanos detenidos. El portavoz del Federal Bureau Of Investigation (FBI), Bill Carter, se limitó a declarar: "Este caso de la red de espionaje israelí no existe. Ningún israelí ha sido acusado por el FBI o el Departamento de Justicia." ¿No es sospechoso, por supuesto, que Héctor Pesquera, en ese entonces jefe del FBI en Miami, "consultara" a enemigos de Cuba como Ileana Ros Lethinen y Lincoln Díaz Balart sobre cuál debía ser el proceder en este caso, antes que a sus superiores dentro de FBI?

Mientras el FBI y las autoridades norteamericanas han mantenido una actitud de relativa coherencia en los casos de espías capturados in fraganti, es evidente que en el caso de los Cinco han distorsionado la verdad con el fin de satisfacer el odio irracional de la extrema derecha miamense. Prueba de ello son los casos siguientes:

La referencia a estos casos de espías famosos involucrados en el espionaje contra los Estados Unidos sirve para sacar algunas importantes conclusiones con respecto al amañado juicio seguido contra los Cinco Héroes cubanos.

1) ¿Por qué el FBI no usó la misma diligencia que la empleada en estos casos para descubrir posibles delitos de espionaje? La respuesta es simple: los cinco cubanos jamás se dedicaron a buscar información sensible para la seguridad nacional de Estados Unidos. Es por ello que jamás el FBI pudo presentar una sola prueba capaz de inculparlos. Las pruebas usadas en este caso fueron fabricadas o simplemente presupuestas.

2) Al no poder hallar una sola prueba inventaron la "conspiración para cometer espionaje". Sin embargo, a pesar de que no es un delito similar al de cometer espionaje, los cubanos recibieron la misma máxima pena como castigo, igual a la que recibieron los casos de espías confesos y probados anteriormente analizados. La injusticia cometida, por tanto, está demostrada.

3) ¿Por qué en el caso de Gerardo Hernández, acusado también de manera falsa por el delito de "conspiración para cometer asesinato" se utilizó una pena mayor como castigo (dos cadenas perpetuas) que la recibida por Ames, cuya actividad de espionaje costó la vida a varios agentes de la CIA en Rusia?

4) Por último, ¿por qué todos estos confesos y codiciosos espías, que sí realizaron probadas acciones contra la seguridad nacional de Estados Unidos, recibieron en sus juicios respectivos todas las garantías constitucionales que les fueron negadas a los Cinco?

Cuando nuestros Cinco Hermanos, patriotas de sólidas convicciones e incapaces de traicionar a su Patria por simple gloria o por dinero, como lo hicieron Ames, Nicholson, Pitts y otros espías o mercenarios, sufren todavía injusta prisión, convirtiéndose en expresión de los mejores valores éticos y revolucionarios de los cubanos, no cabe duda que el juicio realizado contra ellos fue, por encima de todo, una cuestión de conveniencias para sus acusadores.

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