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Discurso del jueves 28 de febrero de 2008
No
aceptamos que un asesino diga que no hizo nada
y se vaya para su casa.
Habló:
Hebe
de Bonafini
Por suerte me parece que lo queremos todos es aplaudir a las FARC y a Chávez por haber devuelto a la gente que tenían en el monte y esperamos que Uribe haga lo mismo, porque nadie habla que hay 500 compañeros de las FARC secuestrados por las fuerzas armadas de Uribe. Así que desde aquí lo pedimos.
Ustedes vieron que ahora apareció (el coronel retirado Paul Alberto) Navone suicidado. Nosotros tenemos que tener claro que estos tipos son tan cobardes que nunca se suicidan. Porque los cobardes no se suicidan y menos así, de un tiro. Así que cuando uno se decide hablar ya tiene la mafia al lado que bueno, un día la pastillita, un día un balazo, un día una soga en el cogote. Están recibiendo de su propia medicina, creada por ellos mismos.
Hoy estaba leyendo en el diario algo de lo que las Madres venimos hablando, que los juicios por la verdad no son punitorios. Con los juicios por la verdad no se condena, por eso los llaman sólo de la verdad, y está en el diario de hoy. Se confirma lo que las Madres venimos diciendo por lo cual no participamos de los juicios de la verdad, porque no vamos a aceptar que un asesino se siente adelante y diga todo lo que quiera, diga que no hizo nada y se vaya para su casa y nosotras nos tenemos que quedar tranquilas.
Y ahora me voy a poner los anteojos para leer porque traje algo que me parece que es importante que todos lo sepamos. Ustedes saben que Carlitos Rodríguez hizo unas contratapas fantásticas en nuestro periódico y en este está (Albano) Harguindeguy. Dice Carlitos:
Para el ex ministro del interior general Albano Harguindeguy las miles de desapariciones que ocurrieron en el país durante la dictadura no fueron más que cosas normales en la vida cotidiana. Así lo afirmó sin inmutarse al prestar declaración el 16 de agosto de 1984 en los tribunales de San Isidro en una causa en la que se investiga la muerte de varios en la Escuela de Mecánica de la Armada. O sea que era una cosa cotidiana, y sigue diciendo Carlitos Rodríguez: Pero al igual que Camps, Menéndez y otros ilustres de la época, nunca reconoció su connivencia con los grupos paramilitares de extrema derecha que asolaban en esos años el país y que tenían como antecedente inmediato en su accionar a la Triple A de López Rega. Distintos testimonios de represores presuntamente arrepentidos de los crímenes, atribuyen al general Harguindeguy, responsabilidad personal y directa a todo lo vinculado con la represión clandestina. Según declaraciones formuladas ante la Comisión Argentina de Derechos Humanos, la CADU, con sede en Madrid, Harguindeguy creó una brigada operativa que ejecutó secuestros y asesinatos de militantes políticos. Esta brigada estaba integrada por hombres de las más absoluta confianza de Harguindeguy. Uno de los miembros más activos de ese último cuerpo fue el principal Carlos Gallone. Carlos Gallone fue aquel que todos vimos que abrazó a una Madre y en muchos medios salió que era la reconciliación de las Madres con la policía. Gallone un asesino, la Madre una oportunista que nunca había usado pañuelo y se lo puso ese día. La verdad es que muchas sentimos ganas de ahorcarla con el mismo pañuelo, pero resistimos las ganas.
El grupo operativo dirigido por Harguindeguy en el Ministerio participó asimismo en otros hechos tales como el fusilamiento en el Obelisco de la ciudad de Buenos Aires de (los políticos uruguayos) Zelmar Michelini y Gutiérrez Ruíz. Harguindeguy tenía una gran amistad con el coronel Ramírez del ejército uruguayo, sindicado como uno de los principales responsables de la desaparición en la Argentina de más de 100 ciudadanos uruguayos. Acallados los ecos del Mundial, Harguindeguy volvió a lanzar sus ataques verbales contra los hoy convertidos en defensores de los derechos humanos (o sea nosotros) cuando nos acusó de terroristas. El terrorismo y los derechos humanos dijo en un almuerzo- es todo lo mismo. En setiembre de 1979, tras la visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, aseguró que los miembros del organismo internacional habían podido percibir que la población, dijo Harguindeguy, que la población estaba muy alegre.
Harguindeguy es un asesino que preparaba las torturas y él había ideado una máquina para cortarle la punta de los dedos a nuestros hijos para que hablen. Así que ahora no quiere declarar, que no sabe nada ese gran hijo de remilputa; de alguna manera lo vamos a enganchar y va a ir a la cárcel hasta el día que se muera.
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