En 1976, cuando la dictadura militar argentina inició su brutal
baño de sangre y el genocidio mas aberrante de la historia del
país, un grupo de mujeres reaccionó con admirable coraje
iniciando, paso a paso, un camino de lucha y resistencia que hoy es
ejemplo de nobleza y dignidad.
Eran las madres de toda una generación de jóvenes trabajadores
y estudiantes, militantes populares que habían sido secuestrados
por la salvaje casta militar.
En medio del horror y de la barbarie ellas se fueron levantando, encontrando
y reconociendo. Dándose mutuos consejos, ideas y fuerza comprendieron
rápidamente que la lucha individual no daba resultado y decidieron
trabajar juntas y organizadamente.
Es así como el 30 de abril de 1977 hacen su primera aparición
en la Plaza que luego les daría el nombre y pasaría a
ser de ellas para siempre.
No fue esta una fundación sinó el despertar, pleno de
energías, de quienes eran despojadas de lo que mas entrañamente
les pertenecía y el comienzo de una evolución política
que las llevará a levantar las banderas revolucionarias de sus
hijos, las mismas que históricamente han erguido nuestros pueblos
contra la opresión imperialista.
Así, mientras los políticos y burócratas sindicales
se retiraban, ciegos y sordos, a un "letargo invernal", las
Madres comenzaron su camino en busca de Verdad y Justicia.
Mientras la jerarquía eclesiástica y la casi totalidad
de la Iglesia se recluía en sus templos y ofrecía la comunión
a los asesinos del pueblo, las Madres exigían "Aparición
con Vida" de los 30000 desaparecidos.
Su clamor claro y justo fué de una valentía tal que los
propios verdugos se sorprendieron y creyendo que las fuerzas de estas
mujeres se acabaría pronto, las llamaron "locas".
Las amenazaron, las golpearon, las persiguieron y hasta secuestraron
a algunas de ellas; pero la lucha iniciada siguió creciendo firme,
coherentemente y sobrevivió a la misma dictadura.
Cuando ya en democracia se decidió poner "Punto Final"
y correr la cortina de la impunidad sobre los delitos de lesa humanidad
cometidos, las Madres no cayeron en trampas ni se dejaron engañar
o comprar con indemnizaciones, homenajes o monumentos y le dijeron al
País y al mundo que la vida no tiene precio y la dignidad no
es atributo de los corruptos.
Madres de Plaza de Mayo ha extendido su ejemplo de lucha acercando su
solidaridad a otras madres de desaparecidos y presos políticos
de Latinoamérica y el mundo; participando activamente en las
luchas sociales de los que creen que un orden mundial mas justo es posible.
Denuncian que la falta de trabajo es un delito y que se esta desarrollando
otro genocidio cuando se permite que el pueblo sufra hambre y miseria,
cuando mas de 100 niños al día mueren de hambre o enfermedades
curables, cuando los ancianos carecen del derecho a una vejez digna
y los jóvenes no tienen esperanzas de futuro, condenados a la
desazón.
Han llevado su solidaridad,entre otros, a los hermanos zapatistas, a
Los Sin tierra de Brasil y al pueblo Cubano donde estuvieron junto a
Fidel en la Plaza de la Revolución el 1 de Mayo de 2000.
Se expresaron innumerables veces en contra los bloqueos americanos contra
Cuba e Irak; contra los arbitrarios bombardeos de la Nato y EEUU al
pueblo Yugoslavo y contra toda otra intervención o atropello
militar que el imperio decide realizar: el apoyo a Israel en la violentísima
e ilegítima ocupasión de los territorios árabes
en Palestina; la guerra desatada a partir de los acontecimientos del
11 de septiembre contra el pueblo de Afganistán y todas las amenazas
belicosas hacia Corea del Norte, Irán, Irak, Colombia, etc.
Sin claudicaciones, con su Memoria Fertil, después de 24 años
de trabajo militante Madres sigue apostando al futuro.
Desde su Casa de Madres, desde la Librería y Café Literario,
desde la Universidad Popular las Madres de Plaza de Mayo, hoy también
Madres Piqueteras, hacen posible que los jóvenes se capaciten
y se formen política, ética y humanamente en el trabajo
por un orden social mas justo.
Quienes las apoyamos, acompañamos y ayudamos sentimos que esta
es una tarea que nos llena de orgullo y esperanzas y no podemos menos
que agradecerles lo que ellas son y significan y por haber puesto la
grandeza de la maternidad al sevicio de la revolución y el cambio.