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10 de mayo de 2006
Lisandro
Otero
Cuba debate
Desde el año de 1959, cuando se desplomó la dictadura batistiana,
el gobierno de los Estados Unidos comenzó a promover actividades para
derrocar la naciente revolución cubana. Un régimen de carácter
popular y antiimperialista era más de lo que estaba dispuesto a permitir
en su seguro traspatio de borregos aquiescentes.
Terrorismo, sabotajes,
bombardeos con productos incendiarios, planes de asesinato, guerra química,
bloqueo económico, aislamiento diplomático, incomunicación
política e intentos de boicot de la comunidad económica internacional
se organizaron con eficacia destructiva. Como parte de esas maniobras para causar
estrago, devastación y ruina en el pequeño país se coordinó
una invasión en gran escala que fue derrotada en Playa Girón.
Para organizar su defensa Cuba tuvo la necesidad de conocer los planes de sus
enemigos, de anticiparse a los designios agresivos que se organizaban en su
contra. Fue necesario infiltrar en las filas de sus adversarios a quienes permitieran
prevenir las acometidas que se preparaban.
En junio de 1998 el gobierno cubano entregó a funcionarios de las agencias
de la ley estadounidenses un memorando donde se mostraban evidencias de los
atentados terroristas en preparación contra Cuba. Esos datos exponían
que varias organizaciones estaban proyectando una crisis para provocar un ataque
o invasión por parte del ejército de Estados Unidos. El fin de
esas revelaciones era lograr que el FBI pusiera fin a las actividades de los
extremistas anticubanos.
Lejos de actuar contra los terroristas, el FBI se dedicó a averiguar
de dónde procedía la información que se le había
entregado. Descubrieron que cinco jóvenes: René González,
Antonio Guerrero, Fernando González, Gerardo Hernández y Ramón
Labañino habían sido los observadores que alertaron contra las
intenciones criminales de los recalcitrantes fanatizados del exilio miamense.
Arrestados, los cinco fueron acusados de espionaje.
Durante el proceso en ningún momento sus acusadores lograron demostrar
que los imputados habían intentado siquiera penetrar secretos de la seguridad
nacional de Estados Unidos, ni pretendieron conspirar contra la estabilidad
de la sociedad estadounidense. Se trataba de enterarse de las actividades terroristas
e informarlas a Cuba, solamente eso.
Más de setenta testigos declararon. El acta del juicio se extendió
a 119 tomos de transcripciones, además de quince tomos de declaraciones
y testimonios. Algunos militares estadounidenses de alta graduación declararon
que la divulgación de las fuentes abiertas de información que
utilizaron los cinco no constituía un acto de espionaje. A ninguno de
ellos se le halló en su poder ni una sola página de información
clasificada del gobierno norteamericano.
No obstante, el clima vehemente, febril y arrebatado del exilio histórico
logró que un jurado condenase a tres de los acusados a cadena perpetua
y a los otros dos a penas de 19 y 15 años de prisión. Fueron aislados
en prisiones federales, se les prohibió la visita de sus familiares,
se les sometió a duras condiciones carcelarias.
En mayo de 2003 se apelaron las sentencias en un tribunal de Atlanta, ya que
Miami, por su atmósfera de aborrecimiento superlativo de una parte de
la comunidad cubana allí, no era el medio donde podía considerarse
el caso con justicia. En agosto de 2005 dicho tribunal de Atlanta determinó
revocar las condenas y ordenar un nuevo juicio.
Mientras tanto la evidente parcialidad del tribunal miamense, el enconado acoso
del sector extremista de los exiliados cubanos, la indudable injusticia cometida
provocó que se despertara una ola de solidaridad mundial con los condenados.
Existen más de doscientos comités por la libertad de los cinco
en setenta y cinco países. Mil quinientas personalidades de todo el mundo,
entre ellos seis Premios Nobel, han firmado un documento que exige poner término
a la arbitraria situación y reclama la libertad de los cinco convictos.
El escándalo mundial causado por este desafuero, atizado por el rencor
de los cubanos intransigentes de Miami, ha demostrado la evidente ilegalidad
de la infamia concebida contra los Cinco que solamente pretendieron defender
su país.
En Cuba se confía que los cinco algún día volverán
a su patria. Todos están persuadidos que el atropello de la legalidad
del régimen de Bush no puede ser indefinido. En algún momento
de su historia el pueblo estadounidense tomará conciencia de los abismos
a donde ha sido conducido por el gobierno de las petroleras y llegará
una administración que actúe con sensatez. Entonces la justicia
se abrirá paso y los cinco, que permanecen secuestrados de manera injustificada,
podrán ser, finalmente, liberados.
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