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Cinco
Héroes, seis años, una historia
Annie Arroyo
Quisiera hoy contarles una historia. Quizás la conozcan ya...
Empieza como una mala película de espionaje, que tanto gustan a los Americanos.
El decorado: Miami, sus playas, sus palmeras, sus policías, ¡claro!
Los protagonistas: de un lado, los buenos - los Americanos- , del otro, los malos - espías a sueldo de La Habana. Nada nuevo.
Todo está preparado: ¡silencio, rodamos!
Son las 5 y media de la mañana. El sol todavía no ha salido. El mar apenas se distingue del cielo que aclara el alba que se acerca. En Key West, como en Little Havana todo está tranquilo. Los primeros joggers aún no han aparecido.
De repente, desgarrando la paz del silencio, los alaridos de las sirenas de los coches de policía, el estruendo de una puerta que abren a la fuerza, los berridos de los agentes especiales que vociferan ¡FBI!, ¡que nadie se mueva!, un grito de mujer... Arrancan a un hombre de su cama, los policías le tiran al suelo y le esposan. Buena toma: ¡un espía cubano!
La escena se vuelve a producir, más o menos idéntica, en cuatro pisos de la capital de Florida.
Se lleva sin precaución a los sospechosos hacia el Headquarter del condado de Miami Dale, el cuartel general del FBI. Guión clásico: les presentan a un oficial federal encargado de convercerles de colaborar contra promesas de liberación. Nada de nada: esos espías cubanos son todos fanáticos, secuaces de Castro, infames comunistas que sólo piensan en dañar esta gran nación democrática que son los Estados Unidos. El mismo responsable del FBI de Miami entra en la escena: en vano. Después de varios intentos infructuosos para convencer a los espías cubanos, los llevan en coche al Federal Detention Center, el FDC, en el centro de la ciudad. Durante ese traslado efectuado en la más pura tradición de las películas locales, el patron del FBI llama por teléfono a unos anticastristas destacados, del tipo padrino mafioso, riquísimos y politicamente influyentes.
Podríamos sonreir ante un guión tan usado que ningún aficionado de cine lo tomaría en serio.
Sin embargo, no se trata de cine. Por desgracia.
Eso pasó en Miami, el 12 de septiembre de 1998. Aquella mañana, a las 5 y media en punto, Antonio Guerrero, René González, Manuel Viramontes (su nombre verdadero es Gerardo Hernández), Ruben Campa (Fernando González), y Luis Medina (Ramón Labañino) son arrestados y llevados al jefe del FBI local, Héctor Pesquera, que a va a apresurarse para avisar a los Ross Lehtinen y Diaz Balart, padrinos de la mafia exiliada en los EE.UU. desde la Revolución Cubana, de la captura de esos presuntos peligrosos espías que habían infiltrado los grupos terroristas creados por esa misma ultraderecha antirevolucionaria cubana.
Lo que sigue es más bien una pesadilla, una pesadilla que dura desde hace seis años hoy.
Dos días màs tarde, los 5 hombres son presentados a la Corte Federal. Su aspecto no aboga a favor suyo: desde que les arrestaron, les dejaron esposados, sin poder mudar de ropa, ni afeitarse, ni siquiera lavarse. Sólo la boca, antes que los llevasen al juez. Allí se inicia el proceso con el afidavit y se les informa de la asignación de abogados de oficio.
Luego los traen a las celdas, donde quedarán casi constantemente esposados hasta el 29 de septiembre, cuando se les trasladará a lo que púdicamente llaman: Special House Unit (Unidad de Albergamiento Especial). Son unidades de aislamiento conocidas en el vocabulario de la penitenciaria como el hueco. Son celdas de 15 pies por 7, con suelo de cemento mal acabado; todo allí es de metal, hasta el espejo, excepto una mesita y un asiento de concreto. La ducha húmeda está cubierta de moho.
El reglamento estipula que no se puede mantener a un detenido en el "hueco" más de 60 días, y solo si se trata de asesinos o de homicidas. Alli se quedaràn hasta el 3 de febrero de 2000...
El 8 de junio de 2001, después de 7 meses de amañado juicio, los 5 son declarados culpables. En diciembre de 2001, caen las sentencias: ¡dos cadenas perpetuas y 10 años (¡en E.E.U.U. uno puede reencarnarse para cumplir con una segunda o, por qué no, una tercera condena!), cadena perpetua y quince años, cadena perpetua y diez años, diecinueve, quince años de prisión! Todo sin la menor prueba seria, y a pesar de numerosos testimonios a favor de ellos, entre los cuales los de algunos altos responsables yanquis.
12 de septiembre de 2004
La solidaridad con Cuba y los 5 condenados, a los que hoy día llaman los Cinco de Miami, está presente en el mundo entero. Más de 200 comités en unos 160 paises, encontrándose los más importantes en el mismo suelo de los Estados Unidos, cartas que llegan por decenas cada día en las penitenciarias donde están encerrados los compañeros a quien Cuba otorgó el título de Héroes de la República, viniendo de todos los rincones del planeta, manifestaciones en Argentina, huelga del hambre en Suecia, colectas para comprar páginas de periódicos y muchas màs marcas de apoyo...
Y al final, la esperanza de que la apelación presentada el 10 de marzo de 2004 desemboque en la única cosa que importe, para Tony, para Gerardo, para Fernando, para Ramón y para René: que se reconozca su inocencia.
Cuando ocurra eso - ¡no puede ser que no ocurra! -, borrará la fecha del 12 de septiembre de 1998. Tony afirma que hay fechas que olvidar, que él ya las olvidó... Es verdad, hay aniversarios para no celebrar.
Pero nosotros, que estamos libres y que vamos vinculados con cuanto representan esos 5 hombres, no queremos, y no podemos, olvidar aquella mañana de septiembre, cuando pagaron brutalmente con su libertad su amor a la Patria.
Mi carta resulta algo larga... pero el tema me hiere el alma.
¡Venceremos!
Un abrazo a todos.
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