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LUCHAR SIEMPRE

Viento en Plaza de Mayo: las Madres celebraron sus primeros 25 años de lucha

Con un largo concierto musical, discursos fuertes y emotivos, y una marcha hacia su Casa, la Asociación Madres de Plaza de Mayo festejó en plena Plaza, de espaldas a la casa de gobierno, el aniversario número 25 desde el comienzo de su recorrido hacia la victoria y el reencuentro con sus hijos desaparecidos. “Luchar siempre”, fue la consigna de un acto inolvidable.

Viento es lo que quedó en las baldosas rojas tras el acto que conmemoró los 25 años de lucha de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Alrededor de sesenta Madres, llegadas desde todas las filiales del interior del país, disfrutaron del un largo concierto en el que participaron con su música y su voz Daniel Viglietti, Teresa Parodi, León Gieco junto a “Medio viático”, banda conformada por los plomos que lo asisten en el escenario, Gabriel Mourellos y Son del Sur, y el Coro de la Universidad Popular de las Madres, que actuó por primera vez tras dos meses de ensayos dirigidos por Jorge Chanal. Hacia el final, los discursos y la marcha hacia la Casa de las Madres pusieron más altas que nunca las históricas demandas de la Asociación: “aparición con vida” y “revolución”.

Música calienta corazones

El primero fue Gabriel Mourelos y su formación llamada “Son del sur”. Con voz potente, adornada por un coro de cuatro gargantas más guitarra, teclado y batería, el conjunto encendió a pura canción las primeras emociones de la tarde, que lentamente se iba haciendo noche cerrada y fría en el aire, aunque caliente y con sol en los hondos corazones de la gente. Tras ellos subió Teresa Parodi, impecable y sola con su guitarrita y su voz de chamamé. Enseguida, León Gieco motivó la corrida apresurada hacia posiciones cercanas al escenario de los que esperaban el desenlace del acto sentados en el pasto de la plaza. Muy celebrado por la multitud, el santafesino interpretó sus temas más conocidos, acompañado por “Medio viático”, la banda conformada por los “plomos” que lo secundan en sus shows.

Una vez descendido León Gieco del escenario, la banda continuó con un set de buenas canciones. Sin descanso en el desfile de números musicales, una treintena de alumnos de la Universidad Popular subió luego al escenario para formarse en hileras desparejas, organizadas según los altos, los bajos y los mediotonos de las voces. Era el Coro de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo. Antes de comenzar a cantar por primera vez delante de público, su director, Jorge Chanal, saludó a las Madres e invitó a “dejar de resistir, porque ya es hora de acompañarlas en su camino de la revolución”. Su actuación fue breve, aunque contundente: dos canciones, una más emotiva que la otra: un poema de Pablo Neruda hecho canción por Víctor Heredia, y la conmovedora “Que se queden quietas”, de Teresa Parodi, dedicada a las Madres.

Finalmente, subió el uruguayo Daniel Viglietti. Su voz grave y su guitarra justa entonaron aquellas canciones ya míticas en este lado del sur del mundo, que las Madres celebraron con emoción. Los ojos rojos debajo de los pañuelos blancos delataban los recuerdos y sensaciones de esas mujeres: al fondo de su memoria, seguramente reencontraban a sus hijos cantando esas mismas estrofas, yendo para el combate silbando “A desalambrar” o “El Chueco Maciel”.

Hebe: “Para luchar hay que saber abrazar”

Bajo un estruendo de petardos y en un paisaje de la Plaza de Mayo conmovedor, con banderas azules con el pañuelo blanco y la consigna “Ni un paso atrás” flameando en el viento de la noche, Hebe de Bonafini subió lentamente al escenario. Con su típico poncho rojo, abrazada por el pañuelo más blanco que nunca, la presidenta de las Madres comenzó su discurso demostrando una gran fatiga en su voz, seguramente debido a su asma aunque también motivada en la sucesión de emociones de toda la jornada.

En el inicio se trasladó imaginariamente a los tiempos duros del comienzo de la dictadura y pidió que “cerremos los ojos por un momento y volvamos 25 años para atrás, con los ojos cerrados. Algunos no habían nacido y otros ya tenían edad suficiente. Cerremos los ojos y mirémonos para adentro y pensemos qué pasaba en este país, que era arrasado por los militares asesinos, la marina, la aeronáutica, la policía, los políticos cómplices. Cerremos los ojos y piensen en una de nuestras casas, entraban por los techos, en la oscuridad, rompían las puertas, amenazaban con las pistolas, golpeaban, quemaban, se llevaban de la casa lo mejor: esos hijos que habíamos parido con tanto amor. Cerremos los ojos y piensen ustedes que aquel 30 de abril aquí, en esta Plaza, las Madres volvíamos a parir a los hijos. Sí, se los llevaban y los paríamos en esta Plaza nuevamente. Cada jueves que veníamos sentíamos que los estábamos pariendo de nuevo”.

“Esta Plaza es nuestra, es de nuestros hijos, es de los 30000. La ocupamos un 30 de abril y no la dejaremos nunca, porque todas nuestras cenizas y la de las Madres que han muerto han sido desparramadas y serán desparramadas en esta Plaza, y vamos a estar felices de seguir estando”, remarcó luego.

Enseguida defendió el espíritu celebratorio del acto: “En un momento difícil del país, las Madres festejamos, sí, por qué no, festejamos 25 años sin faltar un jueves, 25 años sin retroceder, 25 años manteniendo la coherencia, 25 años rechazando todo lo que el sistema capitalista ofrece para comprar las conciencias de los que luchamos. No consiguieron comprarnos con nada porque es asqueroso el capitalismo. La lucha por el socialismo que llevaban adelante nuestros hijos es la misma que queremos nosotros, es la misma del pueblo cubano, de ese pueblo al que amamos porque da ejemplo”. En otro tramo afirmó que “festejamos porque nuestros hijos, cuando se llevaban a alguno en la casa y nos quedaba otro, nos decían: ‘mamá, para seguir luchando hay que disfrutar de la vida’, no se puede luchar sino se disfruta la música, el teatro, las marchas, el sol, el amanecer, el anochecer, el amor, por qué no, también el amor, ellos nos enseñaron que para luchar hay que disfrutar, para luchar hay que saber reír, para luchar hay que saber abrazar”.

En el vibrante final, Hebe dedicó las palabras más sentidas de toda la noche hablándoles directamente a los desaparecidos, susurrándoles sueños con la mirada de sus ojos, y dijo: “Ahora les voy a hablar a ellos, a nuestros hijos que andan revoloteando siempre por acá. Hijos queridos, cuando ustedes faltaron de nuestras casas no imaginábamos que no los íbamos a ver más. No nos pudimos despedir, no les pudimos decir ‘hasta mañana’, no les pudimos decir ‘hasta la victoria’, no les pudimos decir si tenían frío o calor. Sé que la pasaron mal, pero sé que también sabían, queridos hijos, que eso les podía pasar. Y por eso tenemos el orgullo más grande porque tuvieron las bolas para hacerse revolucionarios en condiciones muy precarias, pero no importaba porque estaban decididos. Gracias hijos por haber entregado sus vidas, por habernos marcado el camino, por habernos dicho ‘vieja, cuando uno tiene un hijo revolucionario tiene que aguantar muchas cosas’. Por eso, queridos hijos, hoy, en esta Plaza que es de ustedes, en esta Plaza que la tenemos tomada, que no vamos a abandonar, como algunos que creen que vienen un rato y se la van a apoderar. Esta Plaza es de ustedes. La tomamos las Madres y se la regalamos. Permítannos, queridos hijos, que les regalemos la Plaza y que en este momento tan duro y tan difícil, las Madres sigamos creando: Universidad Popular, Club del trueque, Feria artesanal, coros, nuevos compañeros, nuevas ideas, nuevas formas, todo está dentro de nosotros. Ustedes, queridos hijos, desde dónde estén, por favor sígannos apoyando, por favor sígannos dando ánimo, por favor quiero seguir sintiéndolos aquí, adentro, muy adentro de mi corazón”.

Como ya es costumbre en los actos de las Madres, tras el último suspiro por las palabras de Hebe, los que permanecían en la Plaza se ubicaron detrás de la fila de pañuelo blancos y marcharon hasta la sede de la Casa de las Madres, desde ayer llamada “Azucena, Mary y Esther”, en homenaje a las tres Madres de Plaza de Mayo desaparecidas. Mientras marchaban, un grupo de compañeros se adelantó a la columna y caminó todo el recorrido sosteniendo por la espalda una bandera que simplemente decía: “Gracias Madres”, que ellas miraban a su paso.

Los Sin Tierra brasileños en la tierra liberada de las Madres

Antes de Hebe habían pasado los otros oradores del acto. El primero había sido Alfonso Campos, representante del Movimiento Sin Tierra de Brasil, quien con tono tranquilo y pausado, acaso para hacer más entendible su portugués dulce y musical, confesó su “satisfacción que el Movimiento Sin Tierra esté hoy, aquí, en la Plaza de Mayo, para celebrar junto con las Madres los 25 años de dura combatividad y de resistencia frente a este sistema que intenta esconder a todos los luchadores y luchadoras del pueblo”.

“Me gustaría decirles que la lucha que hacemos en nuestro país, en Brasil, adonde luchamos, es para distribuir la tierra, acabar con el latifundio que es usado para especular, y distribuirla para 4 millones y 500 mil familias que viven sin tierra en nuestro país. No es diferente esta lucha a la que los trabajadores hacen hoy en Argentina, porque nuestro enemigo es común: el sistema que explota al trabajador brasileño es el mismo sistema que explota y masacra al trabajador argentino”, expresó luego.

Ya en el final, señaló que “traigo en este momento el recuerdo para los compañeros, de un frase que fue dicha muchas décadas atrás, pero que está muy presente en este momento: ¡Trabajadores del mundo todo, uníos! ¡Patria o muerte! ¡Patria o muerte! ¡Patria o muerte!”

El saludo de Cuba y su hermosa revolución

Dos compañeros transmitieron el amor del pueblo de Cuba y su revolución por las Madres de Plaza de Mayo. En primer término, el Reverendo Raúl Suárez Ramos, de la Asamblea del Poder Popular de Cuba, manifestó que “dos razones poderosas me han movido para estar con las Madres y con el pueblo de Argentina: en primer lugar porque de esta tierra salió por toda América Latina y llegó a Cuba, Ernesto Che Guevara, a quien le agradezco porque sacudió la conciencia de muchos cristianos y cristianas de nuestro continente, como también sacudió la indiferencia, la apatía y la tradicional legitimación que ha hecho la Iglesia de la opresión y la explotación”. Más adelante, recordó que “un día oí a Ernesto Che Guevara decirles a los cristianos de nuestro continente: ‘El día que los cristianos se sumen y se unan a la revolución, la revolución será inevitable en nuestros pueblos’, y también sacudió la conciencia cuando, rompiendo con un marxismo mecanicista y ortodoxo, el Che hizo uno de los grandes aportes a los revolucionarios al decir que la unidad es la religión de la revolución”.

En otro momento, y siempre refiriéndose al Che, razonó que “en esa misma dirección apuntó cuando dijo que nadie nace siendo revolucionario, que tenemos un pequeño burgués dentro de nosotros y si queremos ser revolucionarios tenemos que optar por la revolución y matar al pequeño burgués que llevamos dentro”. Luego contó la segunda razón que lo motivó para estar en el acto, justificándose al afirmar que “por haber dado a nuestro mundo a las Madres de la Plaza de Mayo”. “¡Qué brutos son los asesinos de los sueños cuando quisieron acabar los sueños asesinando a Azucena, la pudieron desaparecer a ellas pero jamás el germen de la rebeldía que le ha dejado a este pueblo y también a las Madres que continuaron con su lucha y sus anhelos de seguir luchando para buscar a sus hijos”, explicó.

En su intervención, el dirigente cubano no pasó por alto despotricar contra los gobiernos latinoamericanos que cumplen rigurosamente los dictados del imperialismo norteamericano y condenan a Cuba en las votaciones en Ginebra, afirmando que “hoy vemos los resultados: pueblos endeudados, gobernantes que van a Monterrey no a reclamar justicia al imperio, no a representar los intereses de nuestro pueblo obrero, campesino, de estudiantes, de negros, de mujeres, no; fueron a Monterrey a mendigar, como mendigos, para seguir en el poder, a eso fueron, y además para obedecer al amo, y qué quería el amo en este momento: tratar de ocultar, de aislar una vez más en sus intenciones a Cuba de sus pueblos hermanos”.

“¡Levantaron la mano para condenar al pueblo que más ha hecho por los derechos humanos, por los derechos de los pobres!”, exclamó.

También dijo lo suyo Ivette Vega, dirigente de la Federación de Mujeres cubanas, quien leyó un texto en el que así recordó el nacimiento de las Madres: “Hace un cuarto de siglo, en este lugar, se fundó una emoción, cristalizaron los sueños y tomó cuerpo una verdad que conmovió a Argentina: los hijos desaparecidos se levantaron en brazos de sus madres para seguir luchando”. En otro de sus párrafos, indicó que “por ley de la naturaleza es habitual que los hijos sobrevivan a sus padres. La dictadura brutal atropelló la naturaleza de la ley, pero la rebeldía no muere, los hijos parieron a sus Madres, las Madres nacieron de las ideas de sus hijos y echaron a andar, rebeldes como ellos, inclaudicables como ellos, invencibles como ellos”. Al finalizar su lectura, Vega gritó: “¡Vivan las ideas inmortales de sus hijos!”.

Carlos Aznárez, de los Grupos de Apoyo a las Madres: “Gracias por no fallarnos nunca”

Antes de la última oradora cubana, había intervenido Carlos Aznárez, del Grupo de Apoyo del País Vasco, en representación de la totalidad de agrupamientos que en todo el mundo apoyan solidariamente la lucha de las Madres. El director del periódico Resumen Latinoamericano comenzó recordando que “cuando hace exactamente 25 años nuestros compañeros y compañeras, nuestros mejores hermanos, eran arrancados de sus casas, golpeados en las cárceles, desaparecidos en los chupaderos, ustedes tuvieron el coraje que no tuvieron otros y se plantaron en esta plaza para decir ‘aparición con vida’ y para reclamar con dignidad y con coraje civil el regreso de sus queridos hijos”.

En su discurso hizo un recorrido por los diferentes momentos de la vida política del país, poniendo en negro sobre blanco la línea revolucionaria y coherente de las Madres, y la definitiva conversión al sistema del resto de organismos de derechos humanos. “Vino Alfonsín y algunos de los organismos de derechos humanos se sacaron la foto ahí enfrente (la casa de gobierno), y ustedes dijeron ‘es más de lo mismo, queremos que nuestros hijos aparezcan con vida, los están negociando, los están vendiendo’ y algunos no les creyeron; y después vino Menem y vendió todo lo que había que vender y ustedes lo anunciaron, y algunos se sacaron la foto ahí enfrente y ustedes dijeron: ‘nos están entregando el país, nos están entregando la soberanía, están ensuciando las banderas revolucionarias de nuestros hijos’; después vino De la Rúa y algunos, además de sacarse la foto allí, usaron el nombre de vuestros hijos revolucionarios para llegar a ese poder efímero. Madres queridas, que se hicieron piqueteras en Mosconi; Madres queridas, que quemaron neumáticos en esta Plaza; Madres queridas, que no tranzaron jamás con el dinero que quiso pagarles el enemigo de todos nuestros queridos hermanos revolucionarios. ¡Nosotros no peleamos para cobrar nada, nosotros peleamos por la revolución, peleamos para recuperar algo que siempre quisimos y siempre soñamos, que era el socialismo”.

Además, Aznárez destacó “el internacionalismo militante que siempre mantuvieron: estuvieron al lado de Cuba socialista; estuvieron y están con la guerrilla colombiana; se hicieron Madres palestinas en Hebrón, en Gaza, luchando contra el invasor sionista que está masacrando a un pueblo que tarde o temprano va a recuperar la autonomía para el pueblo palestino; estuvieron palpitando con el golpe fascista en Venezuela y celebraron el triunfo del comandante Chávez, como todos los pueblos oprimidos; se abrazaron con las Madres revolucionarias vascas a pesar de la criminalización que les hizo el gobierno español y algunos que anduvieron por aquí marchando con el embajador español; y algo más, Madres, fueron más valientes que nadie cuando el enemigo mayor de nuestros pueblos sufrió el mayor ataque a sus bases imperialistas, el 11 de septiembre, y ustedes dijeron que celebraban, ¡todos los pueblos celebraban!”

Para culminar, el representante de los Grupos de Apoyo a Madres del exterior exclamó que “nosotros, los revolucionarios, les damos el Premio Nobel de la Revolución, porque no necesitamos la paz de los sepulcros, necesitamos la revolución para que los oprimidos terminen de una puta vez con este gobierno y con este imperio que nos está manoseando y destruyendo. Gracias, Madres, por no fallarnos nunca”.

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