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La Marcha de la Resistencia con toda Latinoamérica en la tribuna
Hebe
de Bonafini cerró la XXIII marcha pidiendo la libertad de los luchadores
sociales. La precedieron oradores de varios países de América
latina. Los piqueteros y la deuda externa, temas centrales. Hubo silbidos para
Kirchner y también algún elogio.
Pancartas con imágenes de desaparecidos entornaban el palco al caer la
tarde en la plaza.
Página 12
Agarrada
de las muletas que la mantenían en pie, repitió una y otra vez
el mensaje: Señor Presidente, le exigimos el desprocesamiento
de los compañeros piqueteros, ya. Sobre el escenario instalado
a pocos metros de la Casa Rosada, las palabras de Hebe de Bonafini pusieron
fin a la XXIII Marcha de la Resistencia, que este año levantó
la bandera del No al pago de la deuda externa. Por la unidad de Latinoamérica.
A
las seis en punto de la tarde, las carpas de quienes acompañaron la marcha
durante la noche ya estaban guardadas. Las banderas de los piqueteros, de los
organismos de derechos humanos y de los partidos de izquierda traspasaron las
vallas que desde el 20 de diciembre de 2001 dividen a la plaza en dos, y se
acercaron al escenario donde se cerraría el acto. Los pañuelos
de las Madres, muchas de ellas ya con bastón, se mezclaron con los pañales
de los nietos que, sentados en sus rodillas, escuchaban atentos las palabras
de los oradores.
Cuando la voz de León Gieco cantándoles a las Madres
del amor dejó de sonar por los enormes parlantes, comenzaron
los discursos. Entre los primeros, subió un ex trabajador de Mercedes
Benz, quien informó acerca de la decisión de la fiscalía
alemana de cerrar el caso porque el gerente de la empresa no es responsable
de las desapariciones y recordó que uno de los que
firmó el despido de los empleados que luego desaparecieron hoy está
reciclado en el Congreso, en clara alusión a Carlos Ruckauf.
Minutos más
tarde y mientras el sol caía detrás de la Catedral, dos representantes
del socialismo latinoamericano resaltaron la importancia de la unidad del continente
para ganar la batalla contra el imperialismo. César
Quiroz, del MPMR de Chile, indicó que a pesar del crecimiento económico
de su país seguimos siendo una colonia moderna, un lugar
soñado para las multinacionales. En el mismo sentido, Hugo
de Mello, del Ancap uruguayo, destacó que fue la unión
del campo popular la que les permitió, el último
fin de semana, impedir la privatización de la petrolera estatal.
Los trabajadores y desocupados también tuvieron su espacio. Recién llegado de Neuquén, Francisco Morillas acercó su experiencia en Zanon, la fábrica de cerámicas que funciona desde hace dos años en manos de sus obreros. En nuestra provincia hay un gobernador represor al que sólo le funciona la oreja derecha dijo en alusión a Jorge Sobisch. No escucha a los chicos que comen todos los días en el basural. Ve que estamos capacitados para hacer funcionar la fábrica y que también lo estamos para gobernar y eso le jode, concluyó para dar paso a otro compañero, proveniente de Salta.
Apenas José
Pepino Fernández subió al escenario, los aplausos
y las canciones lo dejaron mudo por varios minutos. Cuando logró hablar
fue directo al problema: No tenemos miedo. En nuestro pueblo desapareció
el trabajo por el narcotraficante más grande de Argentina, el gran saqueador
de recursos naturales que es Juan Carlos Romero. Los gritos de
toda la plaza se unieron en uno solo y el piqueteros, carajo
se oyó en uno de los momentos más emotivos de la tarde.
Acorde a una de las consignas de la marcha que aclamaba Por la Unidad Latinoamericana, subieron los dos últimos invitados. Aunque estaba anunciada la presencia de Evo Morales, fue finalmente el Chato Peredo quien viajó desde Bolivia. Después de repasar los hechos de octubre, cuando el pueblo boliviano terminó derrocando a su presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, el representante del MAS destacó, entre algunos silbidos, las esperanzas que se abren en Brasil y Argentina con Lula y Kirchner como presidentes.
Acompañado
de su mujer y sus dos hijos, y con una boina roja en su cabeza, el alcalde de
Caracas, Freddy Bernal, fue otro de los más aplaudidos. Quién
iba a imaginarse que en esta plaza les hablaría un policía,
comenzó dejando a todos boquiabiertos. Sé que es difícil
para ustedes entender que un milico se haya hecho cargo de una lucha revolucionaria,
dijo entre risas. Tras comentar algunos de los logros de su gobierno, dio el
mensaje que envió Hugo Chávez a los argentinos: Tengan
en Venezuela no sólo un amigo sino una trinchera de lucha. Es la hora
grande de América latina, llegó el momento de la unión.
La presidenta de
la Asociación Madres de Plaza de Mayo se bajó de su silla de ruedas
y tomó bien fuerte sus muletas. Frente al micrófono dio el discurso
más breve pero más fuerte de la jornada. La revolución
no es pegar cuatro gritos de vez en cuando. Es jugarse las bolas todos los días
por los que se mueren de hambre, empezó con su voz firme.
No me importa si Videla y Massera están presos siguió.
Lo que importa es anular la deuda externa porque con cada peso que se
paga es un niño que se muere.
Su mensaje a Kirchner
fue claro y para que no queden dudas lo repitió varias veces: Desprocesamiento
a los piqueteros y a todos los presos por luchar, le exigió.
Sin embargo, deslizó un mensaje para quienes lo silbaban, no
debemos desperdiciar los pequeños espacios que se nos abren hasta que
llegue el momento. Los puños en alto de las Madres cerraron
la Marcha entonando La Internacional.
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